El impacto de la agricultura en la pérdida del sentido del olfato en los humanos

El impacto de la agricultura en la pérdida del sentido del olfato en los humanos

Pérdida de Olfato en Humanos: Un Estudio Evolutivo

Archivo - Pérdida de olfato por COVID-19.

Archivo – Pérdida de olfato por COVID-19.

– STEFANAMER/ISTOCK – Archivo

MADRID, 17 Abr. (EUROPA PRESS) – El olfato, o sentido del olfato, se considera uno de los sistemas sensoriales más antiguos del reino animal. Sin embargo, a lo largo de la evolución humana, se ha registrado una pérdida de más del 60% de los genes funcionales que codifican los receptores olfativos, los cuales son responsables de detectar olores. Este hecho ha llevado a muchos a considerar que el olfato es un sentido de menor importancia para la especie humana.

Investigaciones recientes, realizadas por un equipo de la Universidad de Fudan en Shanghái (China), sugieren que el sentido del olfato humano podría haber tenido un papel más significativo en la evolución de la especie de lo que se creía anteriormente. En particular, se ha evidenciado que este sentido se adaptó a cambios culturales importantes, como el desarrollo de la agricultura.

Desde la habilidad de percibir el olor de la tierra húmeda hasta el aroma de frutas maduras, el sistema olfativo de los humanos ha evolucionado a lo largo de miles de años en respuesta a modos de vida y dietas, según el estudio que fue publicado en la revista ‘Cell Reports’ de Cell Press.

“Se suele pensar que los humanos dependemos poco del sentido del olfato para sobrevivir y que este se ha deteriorado a medida que nos hemos diferenciado de otros animales”, afirma Lian Deng, autor principal del estudio en la Universidad de Fudan. “Nuestro estudio sugiere que nuestro sentido del olfato se ha moldeado a partir de la interacción entre genética, entorno y comportamiento”.

Deng y su equipo manifestaron su interés por investigar cómo han evolucionado los genes de los receptores olfativos en los humanos. Anteriores estudios mostraron que las poblaciones con estilos de vida de subsistencia diferentes, como cazadores-recolectores y agricultores, presentan diversos vocabularios para describir olores.

“Particularmente entre los cazadores-recolectores, se observa un vocabulario muy específico para describir ciertos olores. En cambio, nosotros solemos relacionar un olor con algo familiar, como decir ‘huele a flores’”, explica Deng.

Diferencias Genéticas entre Cazadores-Recolectores y Agricultores

El equipo de investigación analizó los genes de 50 personas pertenecientes a los Orang Asli, un grupo de pueblos indígenas de la península malaya en Malasia, que llevan estilos de vida tradicionales diferentes. Los Orang Asli se componen de tres grupos principales: los Negritos (Semang), cazadores-recolectores; los Senoi, que se dedican principalmente a la agricultura rotativa; y los Proto-Malayos, quienes son predominantemente agricultores tradicionales.

Los resultados del estudio revelaron que los Semang, el grupo de cazadores-recolectores, poseen genes receptores olfativos excepcionalmente bien conservados. Mientras que la mayoría de las personas en el mundo presentan genes con un alto número de mutaciones que probablemente afectan su función, los cazadores-recolectores de este grupo mostraron una cantidad significativamente menor de mutaciones perjudiciales. Además, muchos Semang portaban versiones más ancestrales de ciertos genes receptores olfativos, lo que podría haberles conferido funciones más robustas.

Estos hallazgos sugieren una fuerte presión evolutiva para conservar estos genes entre los negritos en comparación con otras poblaciones, presumiblemente porque el olfato resulta crucial para la búsqueda de alimentos y la caza.

Además, los Semang tenían una mayor probabilidad de portar genes asociados con la detección de olores terrosos, afrutados y herbales, aromas comunes en los entornos de la selva tropical que a menudo se asocian con plantas comestibles y frutas maduras. En contraste, las poblaciones que dependen mayormente de la agricultura mostraron cambios más significativos en sus genes receptores olfativos, posiblemente porque algunos de estos genes también afectan otras funciones corporales.

“Nuestro estudio demostró que el sentido del olfato humano ha sido influenciado por el estilo de vida de las personas. Es la primera vez que se establece esta relación a nivel genético”, concluye Deng. “Al analizar los genes del olfato, comenzamos a comprender cómo la cultura, el entorno y la biología evolucionaron de manera conjunta”.

FUENTE

Constanza Sanchez

Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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