El cronoejercicio se integra en la medicina: adaptar el entrenamiento al reloj biológico favorece

MADRID, 15 Abr. (EUROPA PRESS) – El ejercicio reduce los riesgos de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y diabetes. La naturaleza de cada persona, ya sea madrugadora o nocturna, influye en el rendimiento y la constancia en la práctica del ejercicio, según explican los investigadores. Sin embargo, no está claro si los beneficios del ejercicio dependen del momento en que se realice en relación con el cronotipo del individuo.
Un estudio con 150 participantes
Para investigar esta relación, investigadores de la Universidad de Lahore, en Pakistán, evaluaron los cronotipos de 150 personas de entre 40 y 60 años. Utilizaron el Cuestionario de Matutinidad-Vespertinidad y la temperatura corporal central durante 48 horas. Todos los participantes presentaban al menos un factor de riesgo cardiovascular, como hipertensión arterial, sobrepeso u obesidad, y llevaban un estilo de vida sedentario, con actividad física estructurada mínima en los últimos tres meses.
Además, incluyeron a participantes con antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura, considerando aquellos cuyos familiares varones de primer grado padecieron dicha enfermedad antes de los 55 años o mujeres antes de los 65 años.
Programar el ejercicio según el cronotipo
El estudio, publicado en la revista de acceso abierto ‘Open Heart’, confirma que programar el ejercicio para que coincida con el cronotipo del reloj biológico, es decir, la predisposición natural a estar alerta por la mañana o por la tarde, puede contribuir a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares entre las personas vulnerables.
Los resultados del ensayo señalan que alinear el cronotipo mejoró la calidad del sueño y redujo factores de riesgo, como la presión arterial alta, la glucosa en ayunas y el colesterol «malo», de manera más efectiva que el ejercicio realizado sin sincronización con el cronotipo.
Los investigadores sugieren que la evaluación del cronotipo individual debería incluirse en las prescripciones de ejercicio para individuos con riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
Detalles del estudio
A los participantes se les asignó aleatoriamente realizar ejercicio en un horario que coincidiera con su cronotipo o en uno que no, esto es, entre las 8 y las 11 horas o entre las 18 y las 21 horas. Deberían realizar cinco sesiones de ejercicio aeróbico supervisado de intensidad moderada, como caminata rápida o en cinta, cada una de 40 minutos de duración, durante 12 semanas.
De los 150 participantes, 134 completaron las 60 sesiones de ejercicio: 70 eran madrugadores (34 emparejados con su cronotipo) y 64 eran noctámbulos (30 emparejados con su cronotipo).
Se midieron la presión arterial, la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la glucosa en ayunas, el VO2 máximo (consumo máximo de oxígeno durante el ejercicio) y los niveles de colesterol «malo» (LDL) antes del inicio del ensayo y 3 días después de su finalización. Los resultados mostraron mejoras en los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, así como en la capacidad aeróbica y la calidad del sueño, en ambos grupos tras 12 semanas de intervención.
Sin embargo, al combinar el ejercicio con el cronotipo, se observaron mayores mejoras en la presión arterial, la función autonómica (procesos involuntarios como la frecuencia cardíaca), la capacidad aeróbica, los marcadores metabólicos y la calidad del sueño, en comparación con aquellos que no ajustaron su ejercicio a su cronotipo.
Estas mejoras fueron especialmente significativas en la calidad del sueño, con un aumento medio de 3,4 puntos frente a 1,2, así como en la presión arterial sistólica, que disminuyó un promedio de 10,8 mm Hg en quienes realizaron ejercicio adaptado a su cronotipo, en comparación con 5,5 mm Hg en los que no lo hicieron.
Mejoras significativas en la presión arterial
La reducción de la presión arterial sistólica fue aún más marcada entre quienes ya padecían hipertensión, con una disminución promedio de 13,6 mm Hg, frente a 7,1 mm Hg en aquellos cuyo ejercicio no coincidió con su cronotipo.
Aunque se observó mejoras en ambos cronotipos, los efectos fueron más pronunciados entre los madrugadores que entre los noctámbulos.
Los investigadores reconocen que los participantes del estudio eran únicamente de hospitales gubernamentales de Lahore y que se excluyó a quienes tenían cronotipos intermedios, lo que podría limitar la aplicabilidad general de los hallazgos.
No obstante, afirman que sus resultados concuerdan con otros estudios: «Este estudio se suma a un creciente conjunto de pruebas que sugieren que el momento en que se realiza el ejercicio puede mejorar significativamente los resultados de salud cuando está alineado con el reloj biológico interno de una persona», indican los autores.
«Alinear el ejercicio con el cronotipo puede sincronizar de forma más eficaz los relojes periféricos del músculo esquelético, el tejido adiposo y la vasculatura, lo que mejora la eficiencia metabólica y reduce la inflamación, factores cruciales para la salud cardiometabólica», explican.
En conclusión, «integrar el principio del ‘cronoejercicio’, programando los entrenamientos según el reloj biológico interno de cada persona, puede ofrecer un enfoque novedoso y eficaz para mejorar los resultados en la prevención de la salud cardiovascular y metabólica», finalizan.
Este estudio respalda un cambio hacia prescripciones de ejercicio más personalizadas y basadas en el ritmo circadiano en la atención cardiovascular de rutina.
