Clasificar lecturas por curiosidad en lugar de edad galardona a una librería de Madrid
En La Mar de Letras, los libros no están ordenados por edades y no hay carteles que digan «a partir de seis años». En esta librería infantil ubicada en el corazón de Madrid, los pequeños lectores son clasificados no por su fecha de nacimiento, sino por su curiosidad. Esta forma innovadora de entender la lectura le ha valido a La Mar de Letras el Premio a la Innovación en el XXVII Congreso de Librerías celebrado recientemente en Valencia.
Elena Djukic, responsable de la librería, explica: “La filosofía de la librería se basa en poner a los niños y las niñas en el centro. No pensamos en los libros, sino en los gustos lectores”.

Con humor, Djukic añade: “Igual que los adultos no vamos a una librería y preguntamos por libros para 47 años, ¿por qué los niños sí tienen libros divididos por edades?” Al entrar en La Mar de Letras, los niños atraviesan un arco que los introduce a un espacio diseñado para explorar, descubrir y sumergirse en la aventura de cada libro. Desde la sala de lectura hasta la planta inferior, que cuenta con una ‘cueva del pirata’ para talleres y actividades, cada rincón invita a los menores a interactuar con los libros a su propio ritmo, fomentando así su curiosidad y autonomía.
Sin limitar por edad ni formato
La propuesta de La Mar de Letras destaca entre las librerías tradicionales por no imponer categorías rígidas: “No todos los niños leen solos a los seis años, ni todos quieren lo mismo”, asevera Djukic. Algunos prefieren textos largos, otros cómics, y otros historias con mucha ilustración. “No queríamos limitarles a una sección por edad, sino que fueran descubriendo”.
El jurado del Congreso reconoció precisamente esta forma distinta de tratar a los pequeños lectores: sin imponer restricciones, sin dejarse guiar por lo más vendido y sin colocar el criterio del librero por encima del niño.

En La Mar de Letras, los pequeños incluso son clasificados en ‘tipos de piratas’: aventureros, graciosos, o aquellos que piensan que no les gusta leer. “A todos los niños les gusta leer, lo que ocurre es que no han encontrado aún aquello que les gusta”, sostiene Djukic.
Cuando una familia llega diciendo que su hijo “no es lector”, empiezan normalmente por el cómic: “Es una narración con mucha ilustración, menos texto, que no apabulla. A través del cómic disfrutan, y quizás luego descubren otras lecturas. No se trata de abandonar el cómic, sino de entender el libro como un objeto de descubrimiento”, aclara la responsable.
El ritual de la lectura como innovación
La innovación de La Mar de Letras no es ni tecnológica ni digital, sino pedagógica. Se basa en la mediación lectora, en enseñar a elegir y en construir un “ritual de lectura” tanto con los pequeños como con las familias.
Parte del trabajo consiste en desmontar prejuicios adultos. Djukic recuerda el caso de un niño que le dijo a su madre que estaba harto de los “libros medicina” (libros para trabajar emociones como la frustración o el enfado): “No quieren que les expliquen cómo no frustrarse, quieren una historia donde eso ocurra”, puntualiza.
Otro ejemplo significativo es el de una niña de nueve años obligada a leer un libro por trimestre en el colegio. Su madre llegó a La Mar de Letras afirmando que su hija no disfrutaba la lectura. Tras analizar sus intereses, se detectó que la niña era cuidadora y amante de los animales. “Le recomendamos una novela gráfica sobre chicas que cuidan perros y, en un año, se ha leído toda la colección porque descubrió lo que le gustaba”, enfatiza Djukic.
Este acompañamiento requiere un esfuerzo considerable: “Es un trabajo largo y arriesgado, requiere una labor pedagógica grande, y también implica nadar contra inercias del mercado y la presión de los superventas”.
El premio recibido, sostiene Djukic, es un impulso: “Nos hace ilusión, pero lo que de verdad nos llena es ver familias que vuelven, incluso de otras comunidades, y que la visita a la librería sea parada obligada”.
