Una abundante cosecha de bayas renueva las esperanzas para el kakapo en Nueva Zelanda

El Kakapo: Loro en Peligro y sus Esfuerzos por Sobrevivir

La única especie de loro incapaz de volar del mundo, el kakapo, ha sido considerada durante mucho tiempo condenada a desaparecer. Esta ave endémica de Nueva Zelanda es demasiado pesada, lenta y, para ser sinceros, demasiado apetecible para sobrevivir en un mundo lleno de depredadores. Sin embargo, el destino de este loro nocturno, que se caracteriza por una actitud relajada frente a la reproducción, ha comenzado a cambiar gracias a una insólita campaña de conservación que ha logrado aumentar su población de 50 a más de 200 ejemplares en tres décadas.

En este año, una abundante cosecha de las bayas favoritas del kakapo ha provocado un inusual entusiasmo por el apareamiento. Aquellos que trabajan en la conservación de estas aves confían en que, para febrero, se alcanzará un récord con la incubación de polluelos, acercando así al kakapo a desafiar su situación de extinción casi segura, que había sido considerada inminente.

Estos loros viven en tres pequeñas y remotas islas frente a la costa sur de Nueva Zelanda, y es muy difícil verlos en libertad. Esta temporada de cría ha catapultado a uno de estos ejemplares a la fama en internet gracias a un vídeo en directo de su nido subterráneo, donde su polluelo nació el martes.

Loros Olorosos del Tamaño de un Gato Pequeño

El kakapo es una criatura majestuosa que puede vivir entre 60 y 80 años, aunque su apariencia es sin duda peculiar. Estas aves pueden llegar a pesar más de 3 kilos y poseen caras de búho, bigotes y un plumaje moteado en tonos de verde, amarillo y negro que imita la luz salpicada sobre el suelo del bosque. Su incapacidad para volar ha complicado su supervivencia.

Según Deidre Vercoe, responsable del programa de kakapos en el Departamento de Conservación, «los kakapos también tienen un olor muy intenso. Huelen muy almizclados y afrutados, es un olor maravilloso». Este aroma penetrante resultó ser perjudicial para la especie cuando los humanos llegaron a Nueva Zelanda hace cientos de años. La introducción de ratas, perros, gatos y armiños, junto con la caza y la destrucción de sus hábitats, llevó a las especies de aves no voladoras del país, incluido el kakapo, al borde de la extinción.

En 1974, ya no se conocía ningún kakapo. No obstante, los conservacionistas continuaron su búsqueda y, a finales de la década de 1970, se descubrió una nueva población de estas aves. Revertir su destino no ha sido tarea fácil.

Aves que Esperan Años o Décadas para Reproducirse

Una de las razones por las que la población de kakapos ha crecido tan lentamente es que su reproducción es, al igual que todo en estas aves, peculiar. Pueden pasar años, e incluso décadas, entre puestas de huevos exitosas. Las temporadas de cría solo ocurren cada dos a cuatro años, en respuesta a cosechas excepcionales de frutos de los árboles nativos de rimu, sus preferidos, algo que no sucedía desde 2022.

Los polluelos necesitan tener acceso a una gran cantidad de alimento para sobrevivir, pero se desconoce cómo los adultos detectan que se aproxima una cosecha abundante. «Seguramente están ahí arriba, en la copa de los árboles, evaluando la fructificación», señala Vercoe. «Cuando se desarrolla una gran cosecha, de alguna manera se sintonizan con ella».

Los machos de kakapo se colocan en hoyos excavados en el suelo y emiten profundos sonidos retumbantes, seguidos de unos ruidos conocidos como ‘chings’, que recuerdan el chirrido de unos somieres oxidados. Estos bramidos, que se pueden oír por todo el bosque en noches despejadas, atraen a las hembras hasta esos hoyos. Las hembras pueden poner hasta cuatro huevos y luego crían solas a sus polluelos.

Desde enero, los admiradores de estas aves han podido tener un vistazo excepcional a este proceso gracias a una retransmisión en directo que muestra el nido subterráneo de Rakiura, una kakapo de 23 años, en la isla de Whenua Hou, donde ha puesto tres huevos, dos de ellos fértiles. La situación de la especie es tan precaria que los huevos han sido sustituidos por réplicas falsas mientras los auténticos son incubados en el interior.

El 24 de febrero, un técnico sustituyó los huevos falsos por el primer huevo casi a punto de eclosionar. La kakapo se mantuvo a distancia durante el cambio, pero regresó enseguida al nido, aparentemente sin perturbaciones. El polluelo nació poco más de una hora después, y se prevé que el segundo huevo real sea añadido en cuestión de días.

Las Aves Autóctonas son Muy Queridas en Nueva Zelanda

Quizás lo único más extraño que el kakapo son los esfuerzos que han hecho los neozelandeses para salvarlo. Multiplicar por cuatro la población en las últimas tres décadas ha requerido trasladar a estas aves a tres remotas islas costeras libres de depredadores y supervisar cada uno de los emparejamientos de los loros de manera minuciosa.

«Hacemos todo lo posible para no perder más diversidad genética», afirma Vercoe. «Gestionamos eso con mucha cuidado procurando los mejores emparejamientos posibles en cada isla». Cada ave tiene un nombre y lleva una pequeña mochila con un localizador, porque si desaparece, es casi imposible encontrarla. Si bien el kakapo sigue en situación crítica de peligro, es poco probable que los esfuerzos de conservación terminen pronto, aunque los equipos que trabajan con estas aves están comenzando a relajar poco a poco la gestión directa en cada temporada de cría.

Este meticuloso trabajo para preservar la especie puede parecer extraño a quienes lo observan desde fuera, pero el loro es solo una de las muchas aves vivaces y singulares de un país donde las aves son las auténticas protagonistas. Los únicos mamíferos terrestres autóctonos son dos tipos de murciélago, así que las aves de Nueva Zelanda, que evolucionaron de manera excéntrica antes de la llegada de los humanos y de los depredadores, se han convertido en queridas y simbólicas. «No tenemos la Torre Eiffel ni las pirámides, pero sí tenemos kakapos y kiwis», dice Vercoe. «Salvar a estas aves es un auténtico deber neozelandés».

FUENTE

Constanza Sanchez

Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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