Preocupación por el fin de la moratoria sobre la soja en Brasil y sus implicaciones ambientales
La salida de grandes empresas de la Moratoria de la Soja ha encendido todas las alarmas ambientales en Brasil, debilitando uno de los instrumentos más eficaces para combatir la deforestación en el país. Este hecho compromete la propia industria agrícola, al afectar la integridad de los bosques, que son esenciales para la estabilidad climática y los regímenes de lluvia necesarios para la producción agrícola.
El abandono de la Moratoria de la Soja y la deforestación
Es importante subrayar que la Moratoria de la Soja no fue terminada por mandato legal; aún existe, pero ha sido vaciada de contenido por la decisión voluntaria de las empresas de retirarse, pese a tener plena capacidad jurídica para permanecer en el acuerdo.
Al hacerlo, estas compañías se distancian de una solución reconocida internacionalmente como referente en la agenda climática y dan prioridad al acceso a incentivos fiscales financiados con recursos públicos, en detrimento de enfrentar la deforestación y asumir responsabilidad frente a la crisis climática.
Esta salida se produce en el marco de la vigencia de la Ley Estatal nº 12.709/2024 de Mato Grosso, actualmente impugnada ante el Supremo Tribunal Federal, que establece criterios para conceder incentivos fiscales y explícitamente autoriza restringir estos beneficios a empresas adheridas a compromisos privados como la Moratoria.
Dicha norma institucionaliza la inseguridad jurídica, socava la predictibilidad regulatoria y penaliza iniciativas voluntarias de responsabilidad socioambiental, generando un efecto disuasorio sobre prácticas corporativas más avanzadas de sostenibilidad.
La Moratoria de la Soja constituyó un modelo sólido y probado de gobernanza socioambiental, respaldado por monitoreo independiente, auditorías periódicas, trazabilidad y participación multisectorial.
La Moratoria de la Soja antes del abandono
Después de 18 años en vigor, la Moratoria de la Soja se había consolidado como el acuerdo multisectorial más eficaz para desvincular la expansión de la soja de la deforestación en la Amazonia.
Desde 2008, solo el 2,1 % de la deforestación registrada en los municipios monitoreados fue atribuible a la soja, y se preservaron más de 13.000 km² de bosque gracias al pacto. Asimismo, entre 2009 y 2022, la deforestación en estas zonas disminuyó un 69 %, mientras que la superficie de soja en el bioma creció un 344 %, demostrando que el acuerdo no limitó la producción agrícola, sino que orientó su expansión de manera responsable.
Entre 2007 y 2022, el área cultivada con soja en la Amazonia aumentó en 1,64 millones de hectáreas, pero solo unas 250.000 ha ocuparon áreas deforestadas después de 2008. Esto demuestra que la Moratoria promovió el uso de tierras ya aclaradas, protegiendo la vegetación nativa y reduciendo los riesgos ambientales, climáticos y reputacionales para Brasil.
WWF-Brasil destaca que la Moratoria de la Soja constituyó un modelo sólido y probado de gobernanza socioambiental, respaldado por monitoreo independiente, auditorías periódicas, trazabilidad y participación multisectorial.
Reacción internacional al abandono de la Moratoria de la Soja
Incluso ante una expansión significativa de la superficie sembrada, entre 2006 y 2014 solo el 0,88 % de la deforestación registrada en ese período estuvo asociada a la soja, demostrando claramente la eficacia del acuerdo como instrumento de control de la deforestación.
Al distanciarse de la Moratoria de la Soja, estas empresas envían a Brasil y a la comunidad internacional un claro mensaje de retroceso institucional y ambiental, desalineado con las crecientes demandas del mercado global por compromisos verificables de cero deforestación y con la necesidad de reafirmar la ambición climática, la coherencia normativa y el liderazgo ambiental del país.
La alarma ambiental también se extiende a nivel internacional. Consumidores, inversores y gobiernos reclaman mayor trazabilidad y compromisos firmes contra la deforestación. El futuro de la Moratoria de la Soja se presenta como una prueba decisiva para el liderazgo de Brasil en la lucha contra el cambio climático y la protección de sus recursos naturales.
