Planta rica en potasio, calcio, magnesio, sodio, hierro, cobre, manganeso y zinc.
La semilla del almez, más conocida como algarrobo, sostiene una parte importante de la industria alimentaria. De ella se extrae la goma de algarroba, utilizada en etiquetas como E410. Este polisacárido funciona como espesante y estabilizante en productos como helados, yogures, papillas y cremas untables. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha reevaluado este aditivo y asegura que su uso en las cantidades autorizadas no plantea problemas de seguridad para la población general.
Un cultivo pensado para un clima más seco
El interés ambiental por el algarrobo proviene de su capacidad para soportar sequías, altas temperaturas y terrenos degradados, características que destacan en estudios agronómicos recientes. Un análisis del sector ecológico de la algarroba en Andalucía resalta su rusticidad, su adaptación a la escasez de agua y su resistencia a plagas y enfermedades, lo que permite manejar las plantaciones con muy pocos insumos químicos y riegos ajustados.
Investigaciones indican que el algarrobo contribuye a mejorar la estructura del suelo, reduce la erosión y actúa como sumidero de carbono al capturar CO2 y almacenarlo tanto en la biomasa como en el suelo. Proyectos europeos que valoran nuevas plantaciones de algarrobo han evidenciado su buena capacidad de fijar CO2 con menor consumo de agua. Además, empresas que producen chocolates “sin cacao” a base de algarroba reportan reducciones cercanas al 90% en el consumo de agua y al 80% en emisiones de CO2 en comparación con chocolates convencionales.
Sin embargo, a pesar de este potencial, la superficie cultivada de algarrobo en la cuenca mediterránea se ha reducido en aproximadamente un 65% en lo que va del siglo. Ante la falta de relevo generacional, investigación y una cadena de valor justa, el cultivo corre el riesgo de concentrarse en manos de pocos actores, alejándose de lo que podría ser un verdadero aliado climático.
Qué puede hacer el consumidor
¿Qué puedes hacer si deseas probar la algarroba en casa? Una opción es sustituir parte del cacao en polvo por harina de algarroba en bizcochos, galletas o bebidas vegetales, que aporta dulzor natural y un toque tostado, aunque su sabor no es idéntico al del chocolate. Otra opción es usar melaza o sirope de algarroba en lugar de otros azúcares, asegurándote de revisar la etiqueta para evitar grandes cantidades de azúcar añadido.
Si prefieres evitar la cafeína o si ciertos chocolates te sientan mal, la algarroba puede ser una alternativa a considerar. Desde la perspectiva ambiental, optar por productos que utilizan algarroba proveniente de sistemas ecológicos o de proyectos que colaboran con agricultores locales puede ayudar a convertir ese potencial climático en cambios reales sobre el terreno. Son gestos pequeños, pero si se repiten, pueden marcar tendencias significativas.
El estudio más reciente sobre el sector ecológico de la algarroba en España, elaborado por la Universidad Pablo de Olavide, ha sido publicado por Alimentta y subraya la importancia de la algarroba en un futuro alimentario más sostenible.
