Pérez-Reverte critica a la RAE de Muñoz Machado por ceder ante presiones exteriores y los
MADRID, 12 Ene. (EUROPA PRESS) – El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte ha acusado a la Real Academia Española que dirige Santiago Muñoz Machado de doblegarse ante la presión externa y de haberse sometido a una «normativa laxa y ambigua».
«La voz de los académicos escritores que por naturaleza son creadores, trabajadores y especialistas del lenguaje, apenas cuenta hoy en la RAE. Muchos de ellos, vivos o recientemente fallecidos, han señalado errores, empobrecimientos y banalizaciones del idioma, solo para ver cómo el sector ahora dominante en la Academia -los talibanes del todo vale- los ignora o trata como opiniones respetables, pero irrelevantes», añade Pérez-Reverte en un artículo publicado en el diario ‘El Mundo’.
El autor, que es miembro de la RAE desde el año 2003, critica a Muñoz Machado y destaca que los anteriores directores de la institución, incluido Darío Villanueva, mantuvieron un «exquisito y útil equilibrio entre lingüistas y creadores», aunque «hoy ocurre todo lo contrario». «Suele imponerse el hecho consumado», asegura.
«Ahora, lamentablemente, el núcleo de lingüistas al que la actual dirección confía las decisiones, maneja con naturalidad y sin apenas control, como justificación normativa, titulares periodísticos redactados con descuido o usos masivos en redes sociales, aunque estos contradigan principios sintácticos, semánticos o estilísticos largamente asentados», critica Pérez-Reverte.
El titular del artículo, ‘¿Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor?’, avanza lo que Pérez-Reverte va desgranando cuando explica que la RAE ha dejado de ejercer y asegura que los debates de los plenos todos los jueves en la institución son muy tensos porque en estos se oponen dos formas de entender la RAE, sus funciones y obligaciones.
«La actual RAE acepta construcciones que hace años habría considerado erróneas, no tras un debate lingüístico profundo, sino por presión externa. Doblegándose con demasiada facilidad y frecuencia al simple uso mediático o político», señala, añadiendo que «hay miedo» a parecer «elitistas, conservadores o excluyentes».
«El sector oficial de la Academia responsable de las manifestaciones y comunicaciones exteriores vive obsesionado con que nadie asigne a la RAE la palabra elitista. En consecuencia, maneja un registro cada vez más vulgar, adaptado al lenguaje de redes sociales, con respuestas rápidas, ingeniosas y a menudo superficiales. A la altura intelectual de lo que hay», asegura.
POCA «CONTUNDENCIA» FRENTE AL LENGUAJE INCLUSIVO
Entre los ejemplos de laxitud que el autor acusa se encuentran los debates sobre el lenguaje inclusivo, de la acentuación de las palabras ‘solo’ o ‘guion’ o las mayúsculas opcionales. «La respuesta académica suele ser tibia: ‘depende’, ‘es válido’, ‘se recomienda, pero no es obligatorio'», explica.
Concretamente sobre el lenguaje inclusivo, el autor reconoce que ha habido «resistencia académica honorable» pero sin «contundencia propia de su autoridad». «No abrir la boca es la respuesta más frecuente y dice poco en favor de la institución que las respuestas enérgicas se dejen a la iniciativa personal de los contados académicos que se atreven, por su cuenta y sobre todo su riesgo, a intervenir en el debate público», añade.
Por todo esto, el académico considera que «un influencer analfabeto, tertuliano o youtuber» puede tener más influencia lingüística que un premio Cervantes y reitera la «falta de liderazgo cultural» ante otros temas como los anglicismos, los tecnicismos innecesarios o el empobrecimiento léxico.
El escritor y académico defendió hace unos meses a la institución cuando el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, aseguró que la RAE estaba en manos de un «experto en llevar negocios desde su despacho». En aquel momento, Pérez-Reverte llamó «mediocre y paniaguado» al director del Cervantes y acusó al Ministerio de Asuntos Exteriores de querer «colonizar» la RAE. Este mismo lunes, también criticó al titular de la cartera, José Manuel Albares, por «notoria incompetencia panhispánica».
