Los ecologistas celebran la transformación del cementerio nuclear en una planta solar en España
Enresa ha puesto en marcha un movimiento poco habitual dentro del mundo nuclear. La empresa pública ha licitado la redacción del proyecto y la construcción de una planta fotovoltaica de 1 MWp para autoconsumo en el Centro de Almacenamiento de El Cabril (Córdoba), con un presupuesto base de licitación de unos 2,75 millones de euros y un plazo de presentación de ofertas que termina el 19 de mayo de 2026.
La escena llama la atención porque mezcla dos debates que casi siempre van por separado. El Cabril, en Hornachuelos, almacena residuos radiactivos de baja y media actividad (y muy baja actividad en una plataforma específica) y ahora Enresa quiere alimentar parte de su consumo con energía solar. La pregunta es inevitable: ¿qué pinta una planta solar aquí, justo cuando el centro se prepara para crecer en paralelo al cierre escalonado de las centrales previsto entre 2027 y 2035?
¿Qué se licita exactamente?
El contrato no consiste únicamente en colocar paneles. Incluye la redacción del proyecto, la ejecución de la obra, la legalización y la puesta en servicio de la planta, además de un mantenimiento preventivo durante dos años desde que empiece a operar, todo dentro de un plazo de ejecución fijado en 45 meses.
La instalación se ha planteado como autoconsumo interno y la documentación técnica lo deja claro con una frase literal: “sin vertido a la red pública”. Esto significa que la energía se usará dentro del propio centro y que se incorporará un control para evitar inyecciones a la red, además de coordinarse con la infraestructura eléctrica existente.
Enresa también marca exigencias que suenan a letra pequeña, pero son importantes. Se pide un rendimiento mínimo de al menos 0,80 (una forma de medir cuánto aprovecha la planta la energía disponible) y una disponibilidad anual mínima del 98 %, con monitorización y control remoto, registro de datos y medidas de ciberseguridad en las comunicaciones.
Razones para una planta solar en un almacén nuclear
A primera vista, parece un gesto simbólico, pero hay razones prácticas. El Cabril está en una zona aislada y su actividad no se detiene, así que reducir la electricidad comprada a la red en las horas de sol puede ayudar a contener consumos y costes, algo que cualquiera entiende al mirar “la factura de la luz”. Además, al generar electricidad en el propio recinto, también puede disminuir el CO2 asociado al consumo eléctrico, aunque el ahorro dependerá del mix horario de la red.
La planta se diseñará para integrarse sin alterar lo esencial del recinto. El pliego insiste en respetar drenajes, accesos y sistemas de seguridad del centro, y en configurar el campo fotovoltaico según la radiación, la topografía y la orientación para evitar sombras y pérdidas.
Otro detalle que dice mucho del enfoque es que no se contemplan seguidores solares, salvo justificiación técnica, lo que apunta a una instalación más sencilla y robusta, pensada para funcionar con regularidad y un mantenimiento controlado.
Responsabilidad ambiental en la obra
La fotovoltaica se presenta como energía limpia, pero cualquier obra deja huella si no se vigila. Por eso, Enresa exige un Plan de Gestión Ambiental y de residuos que incluya control de polvo, ruido y derrames, así como la recuperación y restauración de las zonas afectadas por acopios, zanjas o viales temporales.
El documento detalla la gestión de residuos de construcción y demolición. Se pide clasificar por tipo y origen (metales, plásticos, madera, escombros y residuos peligrosos), entregar todo a gestores autorizados y mantener un registro documental con cantidades y fechas de retirada.
Y no se queda ahí. Para el mantenimiento, se indica que la limpieza de módulos se haga únicamente con agua y productos biodegradables no corrosivos, evitando el vertido directo al terreno, y que cualquier incidencia ambiental se comunique rápidamente al responsable técnico.
El contexto en el que se sitúa El Cabril
Conviene recordar qué es El Cabril y qué no es. Según el Consejo de Seguridad Nuclear, allí se realizan operaciones de recepción, tratamiento, acondicionamiento y almacenamiento definitivo en celdas, todo dentro de una instalación autorizada para residuos de baja y media actividad, que cuenta con 28 celdas repartidas en dos plataformas.
La ampliación que viene no se puede entender sin el calendario nuclear y la planificación de residuos. El Gobierno ha reiterado que el cese ordenado de la explotación de las centrales se sitúa entre 2027 y 2035, y en el debate parlamentario sobre el Séptimo Plan General de Residuos Radiactivos se menciona la ampliación de capacidad de El Cabril en 2028 y el horizonte del almacenamiento geológico profundo en 2073.
Una planta solar de 1 MWp no resuelve por sí sola el reto de los residuos nucleares, pero sí puede mejorar la eficiencia energética de una infraestructura que seguirá siendo necesaria durante décadas.
El anuncio oficial de la licitación y la documentación técnica se han publicado en la Oficina Electrónica de Enresa.
