Los ajustes de Milei ponen en dificultades a los bomberos de la Patagonia
Estos días, las majestuosas laderas boscosas de la Patagonia argentina parecen un escenario de guerra. Nubes de humo en forma de hongo se alzan como si fueran el resultado de impactos de misiles. Grandes lenguas de fuego iluminan el cielo nocturno, tiñen la luna de un naranja mango intenso y convierten los paisajes espléndidos que generaciones de escritores y aventureros grabaron en el imaginario colectivo en algo espectral. Extensas áreas del parque nacional Los Alerces, sitio declarado Patrimonio Mundial por la Unesco y hogar de árboles de hasta 2.600 años, arden ahora sin control.
Los devastadores incendios de la Patagonia
Los incendios forestales, entre los peores que han azotado en décadas a la Patagonia golpeada por la sequía, han arrasado más de 45.000 hectáreas de bosques argentinos en el último mes y medio y han obligado a evacuar a miles de residentes y turistas. Hasta el lunes (2 de febrero), el infierno seguía extendiéndose.
La crisis, con la mayor parte de la temporada de incendios de Argentina aún por delante, ha reavivado la indignación contra el presidente libertario radical Javier Milei, cuya dura campaña de austeridad en los últimos dos años ha recortado el gasto en programas y organismos que no solo combaten el fuego, sino que también protegen los parques y previenen que los focos se inicien y se propaguen.
«Ha habido una decisión política de desmantelar las instituciones de lucha contra el fuego», afirma Luis Schinelli, uno de los dieciséis guardaparques que cubren las 259.000 hectáreas del parque nacional Los Alerces. «Los equipos están exigidos más allá de sus límites«.
Tras llegar al poder con una campaña para rescatar la economía argentina de décadas de endeudamiento asfixiante, Milei recortó en 2024 un 80% el presupuesto del Servicio Nacional de Manejo del Fuego respecto al año anterior, dejando prácticamente vacía la agencia responsable de desplegar brigadas, mantener los aviones hidrantes, comprar equipamiento adicional y vigilar los riesgos. Según un análisis del presupuesto de 2026 de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), un grupo argentino de investigación y defensa ambiental, el servicio afronta este año otra reducción del 71% de sus fondos.
¿Es culpa del cambio climático?
Estos recortes llegan en un momento en que el cambio climático hace que los fenómenos meteorológicos extremos sean más frecuentes y severos, lo que incrementa el riesgo de incendios forestales.
«El cambio climático es algo innegable. Esto es vivirlo en carne propia», dice el bombero Hernán Mondino, con la cara cubierta de sudor y hollín tras una jornada extenuante combatiendo las llamas en el parque nacional Los Alerces. «Pero no vemos ninguna señal de que al Gobierno le preocupe nuestra situación».
El Ministerio de Seguridad, que asumió la coordinación de las tareas contra el fuego después de que Milei rebajara de rango al Ministerio de Medio Ambiente, no respondió a las solicitudes de comentarios.
Incendios como estos también alimentan un preocupante círculo vicioso, ya que liberan emisiones de gases de efecto invernadero que agravan las condiciones de calor y sequedad, al tiempo que degradan los suelos y destruyen árboles esenciales para la captura de carbono que ayuda a enfriar el planeta.
Una motosierra contra el Estado
Los profundos recortes de Milei han contribuido a estabilizar la economía en crisis de Argentina y han hecho bajar la inflación anual del 117% en 2024 al 31% el año pasado, la tasa más baja en ocho años. Sus batallas contra el exceso de aparato estatal y la cultura ‘woke’ le han acercado al presidente estadounidense Donald Trump, cuya propia guerra contra la burocracia federal ha tenido efectos similares sobre la investigación científica y los programas de respuesta a desastres.
Tras el anuncio de Trump el año pasado de que Estados Unidos abandonaría el acuerdo climático de París, Milei amenazó con hacer lo mismo. Boicoteó las cumbres climáticas de la ONU y calificó el cambio climático de origen humano de «mentira socialista», enfureciendo a argentinos que comprenden que las temperaturas y la sequedad récord, síntomas de un planeta en calentamiento, están alimentando los incendios en la Patagonia.
«Hay mucha rabia contenida. Aquí la gente está muy incómoda con la política de nuestro país», afirma Lucas Panak, de 41 años, que el pasado jueves se subió a una camioneta con sus amigos para combatir las llamas que envolvían el pequeño pueblo de Cholila después de que los Bomberos municipales fueran enviados a otro lugar.
Gestión de desastres en medio de la austeridad argentina
Cuando un rayo provocó a principios de diciembre un pequeño incendio junto a un lago en el extremo norte de Los Alerces, los Bomberos tuvieron dificultades para responder, limitados por la ubicación remota y la falta de aeronaves disponibles para trasladar a las brigadas y rociar las laderas. El retraso inicial provocó la dimisión de la dirección del parque y llevó a los vecinos a denunciarles por negligencia en una causa penal cuando el viento se levantó y lanzó las llamas a través del bosque nativo.
Pero algunos expertos sostienen que el problema no fue la inacción tras declararse el incendio, sino mucho antes. «Los incendios no son algo que se combata solo cuando ya existen. Hay que afrontarlos de antemano con planificación, infraestructuras y sistemas de previsión», explica Andrés Nápoli, director de FARN. «Todo el trabajo de prevención que es tan importante hacer durante todo el año se ha abandonado prácticamente«.
Además de recortar el presupuesto del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, el Gobierno de Milei retiró el año pasado decenas de millones de dólares a la Administración de Parques Nacionales, lo que derivó en el despido o la renuncia de cientos de guardaparques, Bomberos y personal administrativo.
A medida que cada año llegan más turistas a los parques argentinos, los guardas forestales aseguran que los recortes y las medidas de desregulación dificultan vigilar el riesgo de incendios, mantener los senderos y educar a los visitantes sobre el cuidado del parque. El pasado marzo, el Gobierno eliminó la obligación de que actividades turísticas como las travesías sobre glaciares o la escalada en roca estuvieran supervisadas por guías titulados.
«Si aumentas el número de visitantes mientras reduces el personal, corres el riesgo de perder el control«, advierte Alejo Fardjoume, representante sindical de los trabajadores de parques nacionales. «Las consecuencias de estas decisiones no siempre son inmediatas, se irán notando de forma acumulativa, progresiva».
Por qué los Bomberos no dan abasto
Un informe de 2023 de la Administración de Parques Nacionales recomienda un despliegue mínimo de 700 Bomberos para cubrir las tierras bajo su jurisdicción. El organismo emplea ahora a 391, tras haber perdido un 10% de su plantilla por despidos y renuncias en los últimos dos años de Gobierno de Milei.
Según los Bomberos, los recortes al Servicio Nacional de Manejo del Fuego han reducido la capacidad de formación y han mermado el equipamiento disponible, obligando a muchos a trabajar con trajes de protección de segunda mano y material donado.
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