Lo que quiero transmitir a todas las mujeres: no tengan vergüenza, no son culpables. ¡Hablen!
MADRID, 3 de marzo de 2026 – La francesa Gisèle Pelicot, víctima de las violaciones organizadas que sufrió a lo largo de una década en su hogar a manos de su exmarido Dominique Pelicot, condenado a 20 años de prisión, ha compartido su historia y reflexiones sobre la violencia sexual durante una reciente entrevista en Madrid.
En su relato, Pelicot establece que su estatus de víctima finalizó después del juicio y hace un llamado a otras mujeres que sufren violencia sexual a no sentir vergüenza ni culpa, e instarlas a «hablar». Ella afirmó: «La vergüenza la llevé encima de mí durante todo este juicio, y en ese momento fue cuando dije ‘la vergüenza debe cambiar de bando’. Es vital que quienes han padecido este sufrimiento no se aíslen y busquen apoyo, pues no son culpables de lo sucedido.
La famosa frase de Pelicot fue pronunciada durante el juicio en Avignon (Francia) en septiembre de 2024. Esta frase ha sido adoptada por movimientos feministas en todo el mundo y recuerda un principio defendido en 1974 por la abogada Gisèle Halimi, relacionada con el derecho a que los juicios por violencia sexual sean públicos. Pelicot, quien ahora tiene 63 años, hizo uso de este enfoque para asegurar que los acusados no estuvieran «protegidos».
Reflexiones Sobre la Violencia de Género
Pelicot reflexionó sobre su experiencia, mencionando que a lo largo de sus 50 años de matrimonio, no quería creer que su vida había sido una mentira. Ella expresó: «Ese estatus de víctima era algo que llevaba desde el momento de la revelación, pero se termina después del juicio». Así, necesitaba retomar el control sobre su vida y alentar a otras mujeres a hacer lo mismo.
En su visita a España, Pelicot recibirá la encomienda de la orden del mérito civil por parte del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quienes han resaltado la motivación y avances en esta temática en el ámbito español. Ella declaró que siente un gran honor ser reconocida en un país que ha estado a la vanguardia en la lucha contra la violencia de género: «Francia toma mucho ejemplo de España».
En su libro titulado ‘Un himno a la vida’, Pelicot narra cómo el juicio no solo afectó su vida, sino también la de sus hijos al revelarse el sufrimiento oculto que había tenido durante años, siendo drogada por su marido mientras él invitaba a otros a abusar de ella.
Conciencia Feminista y Lucha Personal
Pelicot confesó que en su juventud no se sentía especialmente preocupada por el feminismo, centrándose más en tener una familia. Sin embargo, su decisión de hacer el juicio público ha contribuido a un mayor reconocimiento de las víctimas de violencia sexual. Ella mencionó: «Pensaba que había sido la única. Nunca hubiese imaginado la amplitud que esta violencia ejerce sobre las mujeres».
Aviso que ahora es más consciente de la problemática feminista, aunque no se considera una «heroína». «Me siento como una despertadora de conciencias«, manifestó. En su vida ha enfrentado diversas pérdidas, incluyendo la muerte de su madre, su padre y su hermano, experiencias que han cultivado su resiliencia.
La Sumisión Química y sus Implicaciones
Pelicot describió la sumisión química como una forma de dominación masculina. Ella expresó su preocupación por cómo muchos hombres no denuncian situaciones similares, lo que despierta interrogantes sobre la masculinidad: «La sumisión química es un tipo de violencia y la violencia es una dominación masculina».
A pesar de su experiencia dolorosa, Pelicot no desea que se estigmatice a todos los hombres. «Tengo hijos y amigos hombres que estaban revueltos al escuchar lo que sucedió con estos individuos», dijo, abogando por un diálogo constructivo entre géneros.
En su libro, Pelicot revela la posibilidad de que su padre también haya utilizado la sumisión química con una de sus hijas y destaca la valentía de su nieto, quien denunció a su abuelo por agresión sexual durante su infancia. A pesar de los retos, su relación con la familia ha encontrado un camino hacia la reconciliación.
El libro es un mensaje de amor y esperanza, permitiendo que su familia descubra la lucha interna que ha experimentado a lo largo de los años, marcando un nuevo comienzo y un compromiso renovado hacia la vida. «Este libro les ha permitido descubrirme porque es verdad que nunca he compartido con ellos mi sufrimiento y mis lágrimas», finalizó Pelicot, mostrando su deseo de seguir adelante en la búsqueda de justicia y entendimiento.
