Incendios forestales en Cantabria y Asturias reavivan el debate sobre las estructuras de prevención

Ola de incendios forestales en Cantabria y Asturias en pleno invierno

La ola de incendios forestales en Cantabria y Asturias ha dejado más de 60 focos en menos de 24 horas, una cifra que evidencia hasta qué punto el riesgo se ha desestacionalizado. El invierno ya no es garantía de tregua. Lo que antes era excepcional en febrero empieza a convertirse en síntoma de un problema más profundo.

Las condiciones meteorológicas —temperaturas anómalamente altas, viento sur y baja humedad— han creado el escenario perfecto. Sin embargo, el clima, por sí solo, no explica todo.

Un patrón recurrente en el noroeste ibérico

El noroeste ibérico arrastra vulnerabilidades estructurales desde hace décadas. Ya en 2018, diversos informes alertaban de que la región funcionaba como un auténtico polvorín: abandono rural, acumulación de combustible vegetal, masas forestales homogéneas y pérdida del mosaico agroforestal tradicional que actuaba como cortafuego natural.

Aunque muchos de los incendios actuales no alcanzan grandes dimensiones individualmente, su simultaneidad tensiona los medios de extinción, multiplica el riesgo sobre infraestructuras, masas forestales y fauna, y deteriora la calidad del aire en amplias zonas.

España dispone de uno de los sistemas de extinción más avanzados de Europa. Sin embargo, centrar la estrategia exclusivamente en apagar incendios es un error repetido. Cuando confluyen múltiples focos y condiciones adversas, la capacidad de respuesta se ve superada.

Abandono rural y acumulación de combustible vegetal

Las altas temperaturas anómalas, el viento sur y la baja humedad confirman que el calendario tradicional del fuego ha cambiado y que el problema es estructural, no estacional.

El origen humano sigue siendo predominante en la mayoría de los incendios del país. En el noroeste persiste un patrón vinculado al uso del fuego para la gestión de pastos, conflictos rurales y prácticas ilegales. Los problemas estructurales no justifican estos delitos, que ponen en riesgo vidas y biodiversidad.

Es necesario recuperar el mosaico agroforestal, impulsar el pastoreo extensivo como herramienta preventiva, fomentar una gestión forestal planificada, reforzar la investigación de causas y orientar los fondos públicos hacia la adaptación real del territorio al cambio climático.

La prevención estructural cuesta menos que la reconstrucción tras cada crisis. Si no se actúa sobre el modelo territorial, cada episodio de viento cálido volverá a encender el mismo escenario.

El fuego no entiende de estaciones. Y el territorio tampoco puede seguir esperando.

La repetición de grandes incendios cada temporada evidencia que el desafío no es solo climático, sino también territorial y socioeconómico, y exige respuestas integrales y sostenidas en el tiempo.

FUENTE

Constanza Sanchez

Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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