Esmeralda, la guardiana de la lengua ixcateca, enfrenta el riesgo de silenciarse en México
Esmeralda Ramírez Salazar (d) dicta clases el 21 de febrero de 2026 en la comunidad de Santa María Ixcatlán, en Oaxaca (México). EFE/Jesús Méndez.
En Santa María Ixcatlán (México), de más de 450 habitantes, apenas media decena de personas mayores de 70 años puede comunicarse entre sí a través de su lengua materna, el ixcateco, que únicamente se habla en este municipio ubicado entre las regiones de la Cañada y Mixteca de Oaxaca.
A esta pequeña comunidad de hablantes se suma Esmeralda Ramírez Salazar, una joven de 28 años, quien desciende de los últimos ixcatecos que entendían, comprendían, hablaban y escribían su lengua materna.
Esmeralda ha emprendido la tarea de revivir el ixcateco entre los niños y adolescentes de Santa María Ixcatlán. Muestra a EFE cómo, en un salón en desuso, enseña a un grupo de diez menores las primeras palabras que, según su plan de estudios elaborado por ella misma, deben conocer para iniciar una conversación y nombrar los alimentos, animales y objetos con los que conviven.
“Totubaí”, es una voz ixcateca que en español significa “guarda silencio”, pero esta vez Esmeralda repasa con sus alumnos la entonación de una palabra con tono, como se conoce a las palabras acentuadas del idioma ixcateco.
“Y esta, ¿qué tono tiene?”, pregunta a sus alumnos, quienes le responden: “agudo y alto”.
El esfuerzo para revivir una lengua casi extinta choca con un contexto poco favorecedor.
¿Por qué corre peligro el ixcateco en México?
“Porque son muy pocas las personas que están interesadas en aprender el ixcateco, y si se pierde, será malo porque el ixcateco nada más se habla aquí en este pueblo”, comenta a EFE Emilia Jiménez, una de las alumnas de 13 años.
Esmeralda enriquece su vocabulario conversando con su abuela María Patrocinio, quien es otra de las últimas hablantes.
“¿Na tuzema?”, le pregunta a su nieta Esmeralda para saber qué actividad realizó durante la mañana en el palacio municipal de su pueblo.
Doña María Patrocinio recuerda que las disposiciones oficiales de mediados del siglo pasado fueron las que llevaron al abandono del ixcateco en las escuelas, implementándose castigos a los que hablaban su lengua materna.
“En ese tiempo nos inscribían a los 6 años, y todavía hablábamos mucho el ixcateco; los maestros se enojaban, nos pegaban y nos dejaban con una piedra así en la mano, nos dejaban ahí en la ventana”, describe.
Ahora, el peso de los años y las enfermedades están mermando su uso, recuerda en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna. “Pues ahorita ya no hay personas; ahí están unos abuelitos, pero ya no oyen. Ellos hablan y nos contestan otra cosa, ya no oyen”, subraya Patrocinio.
Pérdida para un país con diversidad lingüística
Según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, en el país, siete millones de personas tienen un idioma materno distinto al español y prevalecen 68 lenguas indígenas de once familias lingüísticas distintas.
Para Michael Swanton, lingüista e investigador del Instituto de Investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el esfuerzo de personas como Esmeralda por preservar la lengua ixcateca la convierte en una guardiana de los sonidos casi extintos con los que se comunicaban sus abuelos.
“Lamentablemente, algunos actores de la política cultural quieren usar lengua materna como eufemismo para lenguas originarias, pero no lo es. Cualquier lengua viva en el planeta que tiene niños que la aprenden desde jóvenes es una lengua materna”, señala el investigador.
Santa María Ixcatlán, ubicada a 141 kilómetros al norte de la capital de Oaxaca, también suma esfuerzos en el rescate del ixcateco, colocando letreros en los inmuebles más importantes del pueblo. Por ejemplo, que iglesia y mercado se escriben “Nungu” y “Ndatsi”, respectivamente.
