Diferenciación de migraña y cefalea en racimos para derivación a neurólogo en urgencias.

MADRID, 21 Mar. (EUROPA PRESS) – La responsable de la sección SEMES Divulgación de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, la enfermera de emergencias, Rosa Pérez, ha destacado que el triaje de la Enfermería de Urgencias es «clave» a la hora de distinguir entre una migraña y una cefalea en racimos, así como para la posterior derivación del paciente al neurólogo.
La enfermera «tiene que estar preparada para hacer una serie de preguntas para valorar la gravedad» y debe estar «muy formada en este tipo de triaje, en cefaleas», para poder «distinguir», ha manifestado Pérez. Esto es fundamental, ya que el tratamiento es diferente para estas dos enfermedades.
Al respecto, ha insistido en la relevancia de este primer contacto con el paciente para evitar el retraso diagnóstico-terapéutico. Es necesaria una «diagnóstico diferencial» porque «puede ser cefalea en racimos o puede ser un problema vascular», ha afirmado.
Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Cefalea en Racimos, que se conmemora el 21 de marzo, ha recordado que «dentro de las cefaleas hay diferentes clases», siendo las primarias aquellas «en las que aún no se establece la causa». «Englobarían las cefaleas tensionales, que son quizás las más frecuentes, las migrañas y estas cefaleas en racimos», ha explicado.
Síntomas acompañantes
Al abordar la diferenciación entre migraña y cefalea en racimos, ha indicado que esta última «se puede presentar, generalmente, detrás del ojo como un dolor punzante y, también, muchas personas han dicho que puede ser como urente, como quemante». Esta «tendrá síntomas acompañantes», como «el ojo que va a llorar» y «muchas veces el párpado va a estar caído, como cerrado», ha señalado, destacando además la sensación de moqueo.
«Vas a tener un dolor horrible», ha manifestado, enfatizando que la migraña «muchas veces te avisa», mientras que la cefalea en racimos «suele ser de repente, fulminante». Además, «siempre es a la misma hora» y «suele ser por la noche», sin una causa conocida, aunque la genética desempeña un papel importante. También existen desencadenantes como el estrés, la falta de sueño, la deshidratación, los cambios en los hábitos de vida y las alteraciones hormonales.
No obstante, ese dolor «viene y se va», ya que «puede durar entre 15, 30, 40 minutos», e «incluso puede ser más largo», por lo que «cursa como a brotes». «En cambio, la migraña puede durar todo el día, incluso hasta dos días seguidos», subrayó, añadiendo que esta «se acompaña de síntomas digestivos, como náuseas y vómitos», aunque el dolor es menos intenso.
En cuanto al tratamiento, López ha destacado que, en la cefalea en racimos, «incluye, por ejemplo, oxígeno, melatonina y algunos medicamentos relacionados con otras patologías del sistema nervioso central», e incluso «hay posibilidad quirúrgica», lo que hace que el tratamiento sea muy personalizado. Para la migraña, se emplean fármacos «que van directamente a las vías de dolor neurológico».
Consultar al profesional
La enfermedad crónica de la cefalea en racimos tiene, además, un tratamiento preventivo que engloba la familia de los triptanes, que son agonistas de los receptores de serotonina. «Lo importante es saber que ante un dolor fuerte, fuerte, fuerte, la persona lo consulte», ha enfatizado.
Por otro lado, esta enfermera ha informado que esta patología es más frecuente en hombres, aunque está asociada «con los cambios hormonales» de la mujer. Además, explicó que está muy vinculada al ritmo circadiano del sueño. Por ello, anima a los pacientes a registrar todo lo relacionado con el momento del dolor de cabeza y así apoyar con datos la labor del profesional sanitario.
En conclusión, y resaltando que falta investigación en esta patología, López ha indicado que los pacientes «llegan tarde a un diagnóstico». «Nos cuesta diferenciarla de una migraña, nos cuesta diferenciarla de una cefalea tensional o una cefalea primaria», ha asegurado, resaltando la importancia de la formación en este tema.
