Del sofá al ejercicio mental: consejos para disminuir el riesgo de demencia

A nivel mundial, la población está envejeciendo. La demencia es la tercera causa principal de mortalidad y la séptima causa principal de discapacidad entre los adultos mayores. Esta afección, frecuentemente relacionada con la edad, afecta la calidad de vida de muchos adultos, así como de sus familias y cuidadores. La prevención es crucial y una parte fundamental de ella es identificar los factores de riesgo modificables.
Anteriormente se creía que todos los comportamientos sedentarios estaban relacionados con un mayor riesgo de desarrollar demencia. Sin embargo, investigaciones recientes han descubierto que los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos, como ver la televisión, aumentaban el riesgo de depresión, mientras que los comportamientos sedentarios mentalmente activos, como leer o trabajar en la oficina, tenían un efecto protector.
La mayoría de los adultos pasan entre 9 y 10 horas al día sentados. Estudios previos han demostrado que permanecer sentado durante períodos prolongados e ininterrumpidos es un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y depresión; también se ha asociado con la demencia.
No todo el sedentarismo pesa igual en el cerebro
Una nueva investigación del Instituto Karolinska (Suecia) ha revelado que los adultos que permanecen períodos prolongados en sedentarismo mentalmente pasivo tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia. Sustituir el sedentarismo pasivo por sedentarismo mentalmente activo reduce el riesgo de aparición de esta enfermedad en la edad adulta.
El estudio, publicado en el ‘American Journal of Preventive Medicine’, tiene el potencial de servir de base para las directrices de salud pública y estrategias preventivas destinadas a reducir la incidencia de la demencia. Este es el primer estudio que distingue entre la postura sentada pasiva y la mentalmente activa en relación con la demencia. El investigador principal, Mats Hallgren, señala que «si bien estar sentado implica un gasto energético mínimo, puede diferenciarse por el nivel de actividad cerebral».
«La forma en que usamos nuestro cerebro mientras estamos sentados parece ser un determinante crucial del funcionamiento cognitivo futuro y, como hemos demostrado, puede predecir la aparición de la demencia», añade Hallgren.
20.811 adultos seguidos durante 19 años
Los investigadores analizaron datos de un estudio longitudinal que incluyó a 20.811 adultos de entre 35 y 64 años, a quienes se les dio seguimiento durante 19 años (1997-2016). La encuesta inicial incluyó preguntas sobre comportamientos sedentarios, actividad física y otros comportamientos asociados con la demencia. Los casos incidentes de demencia se identificaron mediante la vinculación de los datos de la encuesta de 1997 con el Registro Nacional de Pacientes de Suecia y el Registro Sueco de Causas de Muerte.
Utilizando diversos modelos estadísticos, los investigadores examinaron la relación entre la demencia y la sustitución estadística de comportamientos sedentarios pasivos por comportamientos mentalmente activos. «El diseño del estudio prospectivo nos permitió establecer la dirección de estas relaciones e inferir, pero no establecer, la causalidad. Se necesitan ensayos controlados para confirmar estos hallazgos», indica Hallgren.
Entre los hallazgos destaca que un comportamiento sedentario mentalmente activo se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia entre los adultos de mediana edad y mayores. De igual manera, el aumento del tiempo dedicado a comportamientos sedentarios mentalmente activos se relaciona con una reducción significativa del riesgo de demencia, manteniendo al mismo tiempo los niveles de comportamiento sedentario pasivo y de actividad física ligera a moderada.
Del sofá a la lectura: pequeños cambios, gran diferencia
Asimismo, se observó que sustituir el tiempo dedicado a comportamientos sedentarios mentalmente pasivos por períodos equivalentes de comportamientos sedentarios mentalmente activos también se asocia con una reducción del riesgo de desarrollar demencia. Dado el exhaustivo método de encuesta utilizado para recopilar estos datos (3.600 ciudades y pueblos de toda Suecia), los investigadores creen que los hallazgos son probablemente generalizables a una población mundial más amplia.
«El sedentarismo es un factor de riesgo omnipresente, pero modificable, para muchas afecciones de salud, incluida la demencia. Nuestro estudio añade la observación de que no todos los comportamientos sedentarios son equivalentes; algunos pueden aumentar el riesgo de demencia, mientras que otros pueden ser protectores. Es importante mantenerse físicamente activo a medida que envejecemos, pero también mentalmente activo, especialmente cuando estamos sentados», concluye Hallgren.
El mensaje de los autores es claro: no se trata solo de contar pasos, sino de sumar minutos de actividad mental de calidad. Mantenerse físicamente activo sigue siendo fundamental, pero, a medida que envejecemos, también es esencial entrenar el cerebro, incluso cuando estamos sentados. Cambiar parte del tiempo de sofá pasivo por lectura u otras tareas cognitivas podría ser un gesto sencillo con un impacto importante en la salud cerebral a largo plazo.
