Ballena beluga avistada en Europa podría estar viajando hacia Francia, sorprende a biólogos
Detrás de esa frase hay contexto. En estudios que recopilan registros en el sur del Mar del Norte, las belugas aparecen como visitantes puntuales, con una serie de avistamientos bien documentados en marzo de 1984 y otro registro posterior en noviembre de 1989.
¿El mismo ejemplar?
La historia no empieza en Bélgica. A mediados de enero, una beluga fue observada frente a la costa de Callantsoog y Julianadorp, en la provincia neerlandesa de Noord-Holland, y después volvió a ser vista más al sur.
Por eso, la pregunta es inevitable: ¿ha llegado a Blankenberge ese mismo ejemplar? SOS Dolfijn cree que podría serlo y apunta a un detalle muy concreto: las cicatrices visibles en imágenes tomadas en ambos países.
El movimiento exacto del animal es difícil de prever. Haelters incluso ve posible que se adentre en el estuario del Escalda Occidental, algo que ya ha ocurrido con belugas en otras zonas, donde aprovechan bahías y estuarios.
Curiosidad que estresa
Cuando aparece un animal así, la tentación de acercarse es enorme. En Países Bajos ya se vivió una «beloegahype» y SOS Dolfijn pidió expresamente que se evitara el acoso con drones, barcas y vuelos bajos.
Su mensaje es fácil de entender, incluso sin ser experto. Si la beluga tiene que darse la vuelta una y otra vez para huir, gasta energía y pierde tiempo de alimentación. «Observad este momento único solo desde la playa», pedía la entidad, precisamente para no ponerla en peligro innecesario.
Y aquí conviene recordar otro detalle. La propia NOAA incluye el acoso humano entre las amenazas para las belugas, junto con el ruido submarino, los contaminantes o las condiciones cambiantes del clima.
Lo que revela del mar
Una beluga fuera de sitio no es, por sí sola, una prueba de nada. Puede ser un animal desorientado, uno que sigue comida, o simplemente un «viajero» ocasional. En enero, el biólogo Jeroen Hoekendijk (SOS Dolfijn) explicaba que su impresión era que el animal nadaba donde encontraba alimento y que no veía señales claras de mal estado.
Aun así, este tipo de episodios sirven como recordatorio de lo sensible que es la vida marina a lo que ocurre bajo la superficie. Las belugas dependen mucho del sonido para comunicarse y orientarse (por algo se las llama «canarios del mar») y el aumento del ruido en el océano complica ese mundo invisible.
En conservación también hay matices importantes. La UICN considera a la beluga como «preocupación menor» a escala global, pero varias poblaciones están en situación delicada, y la subpoblación de Cook Inlet (Alaska) se gestiona como amenazada en Estados Unidos.
Qué hacer si la ves
Si la beluga vuelve a aparecer, la regla de oro es sencilla: mirar desde lejos, no perseguirla y no intentar «ayudar» por cuenta propia, aunque parezca una buena idea en el momento. No lo es.
En Bélgica, el portal Marinemammals.be (vinculado al Real Instituto Belga de Ciencias Naturales) recuerda qué pasos seguir ante mamíferos marinos varados o en apuros. Para focas vivas en la playa, recomiendan avisar a SeaLife Blankenberge (050/42 43 00) y, si hace falta, a la policía o bomberos.
Si se trata de un delfín o marsopa muertos o en problemas, o de un gran cetáceo en la playa, indican contactar con RBINS/OD Nature en Ostende (059/70 01 31) o escribir a marinemammals@naturalsciences.be, además de los servicios locales y, en casos grandes, el MRCC de Ostende (059/255 440).
La información oficial sobre cómo reportar observaciones y varamientos está publicada en Marinemammals.be.
