Palestinos afectados por la pérdida de permisos de trabajo en Israel enfrentan nuevas dificultades
Una granada lanzada por fuerzas de seguridad israelíes, en Al Ram, Cisjordania ocupada, se encuentra en una zona donde, aseguran las autoridades, trabajadores palestinos intentan cruzar el muro de forma regular. La situación se ha vuelto crítica tras las decisiones del gobierno de Benjamín Netanyahu.
Al Ram (Cisjordania) (EFE).- A lo largo del muro que separa Israel de Cisjordania, hay cuerdas, zapatos y abrigos de trabajadores palestinos, algunos que llevan años enganchados en los alambres; otros son recientes y pertenecen a aquellos que han visto cancelados sus permisos de trabajo hace más de dos años, y que, desesperados, solo encuentran como salida saltar el muro y trabajar de forma ilegal en ciudades como Jerusalén.
“Tras el 7 de octubre de 2023, Israel decidió denegar el permiso a los cerca de 180.000 trabajadores palestinos de Cisjordania que laboran en Jerusalén y en otras ciudades de Israel en sectores como la construcción y la limpieza”, explica a EFE Marouf Al Rifai, asesor del gobernador palestino en Jerusalén Este.

Antes de los ataques de Hamás en octubre de 2023, Israel concedía permisos de trabajo de entre uno y seis años a cientos de miles de trabajadores procedentes de Cisjordania y también de la Franja de Gaza, donde la situación económica ya era complicada. “La situación de todas estas familias ahora es muy precaria y complicada. No tienen casi ni dinero para comprar comida. Algunos vienen desesperados a mi oficina, pero poco podemos hacer desde la Autoridad Palestina”, agrega Al Rifai.
Más vigilancia y ataques del Ejército
Al Rifai da estos detalles frente al muro de separación israelí en el pueblo de Al Ram, al noreste de Jerusalén, donde grupos de mafias llevan a trabajadores para que salten, bien conscientes de que pueden ser disparados por el Ejército, que ha incrementado su vigilancia y presencia en esta zona. “Hay irrupciones casi a diario del Ejército, que lanza bombas de gas. Todo esto nos ha afectado profundamente, ha alterado nuestra vida cotidiana y la de nuestros hijos, que antes bajaban a jugar a la calle y ahora ya no pueden hacerlo. Además, circula gente extraña que no es del barrio”, cuenta una vecina palestina, de 38 años, cuya casa se sitúa en la zona desde donde se producen los saltos.

A los pies de esta mujer todavía se pueden ver algunas de las últimas granadas de gas lanzadas recientemente por el Ejército israelí. Poco después, en otra parte del muro, EFE es testigo del lanzamiento de una de ellas desde el lado israelí hacia el palestino.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha registrado la muerte de 16 palestinos y más de 240 heridos desde el 7 de octubre de 2023, muchos de ellos cerca de la zona de Al Ram. Solo durante 2025, Israel mató a seis palestinos y otros 162 resultaron heridos mientras intentaban cruzar el muro. Entre el 6 y el 19 de enero de este año, tres palestinos resultaron heridos por disparos de munición real y uno fue agredido físicamente por fuerzas israelíes, según OCHA.
Detrás de los saltos: las mafias
“Hay mafias en ambos lados del muro que se aprovechan de la desesperación de estos trabajadores palestinos. Les piden 200 dólares a cambio de llevarlos a partes del muro donde aseguran que hay menos vigilancia de Israel y les consiguen un trabajo al otro lado”, indica Al Rifai.
Desde octubre de 2023, Israel ha venido firmando convenios con países como Tailandia e India para traer a trabajadores y suplir la mano de obra palestina, a pesar de que muchos empresarios israelíes siguen pidiendo a estas mafias que les provean de trabajadores palestinos. “Desde 1948 hasta ahora, gran parte del sector empresarial israelí ha dependido de los trabajadores palestinos. Ellos saben cómo cuidar nuestra tierra, cómo construir los edificios”, afirma un trabajador de la Gobernación de Jerusalén Este.

Sin embargo, algunos como el palestino Mohamed -nombre ficticio-, de 31 años, que trabajó en Jerusalén y que también vio revocado su permiso en octubre de 2023, prefieren no asumir el riesgo de saltar el muro, e ir tirando con lo poco que ahora gana en una tienda en su pueblo Ein Arik, en las afueras de Ramala. “El primer año, cuando me quitaron el permiso, me quedé sin trabajo. Ahora trabajo en esta tienda y cobro la mitad de lo que cobraba cuando trabajaba en Jerusalén. No me planteo entrar de forma ilegal y creo que ya no volveremos a tener permiso para ir a Israel”, cuenta Mohamed.
El Gobierno de Netanyahu no se ha planteado reanudar estos permisos de trabajo, una decisión que los palestinos, tras más de dos años, afrontan con resignación, asumiendo que sus vidas seguirán siendo complicadas mientras la economía de Cisjordania no remonte.
