No debería ser un privilegio detenernos a reflexionar sobre nuestro estado emocional
MADRID, 1 Dic. (EDIZIONES) – Vivimos en piloto automático, y pocas veces nos detenemos a responder con honestidad una pregunta tan simple como ‘¿cómo estás?’. El psiquiatra Javier Quintero, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital Infanta Leonor de Madrid y profesor de la UCM, propone en su nuevo libro “¿Cómo estás? 21 días para crear el hábito de ser feliz” (Roca Editorial) un viaje de autoconocimiento y de equilibrio emocional.
Su mensaje es claro: entender cómo nos sentimos es el primer paso para construir bienestar y recuperar la autonomía emocional en una sociedad que ha olvidado escucharse. «La felicidad está relacionada con la conciencia emocional y si no sé cómo estoy será difícil saber qué necesito cambiar», agrega.
El problema, según comenta Quintero, es que nuestra vida actual nos impide detenernos a pensar cómo realmente nos encontramos, conectar con nosotros mismos y con nuestras emociones. «No debería ser un lujo, pero vamos en piloto automático y nuestro cerebro nos da ‘inputs’ constantes de cómo estamos hasta que un día una emoción es muy intensa y requiere de nuestra atención sí o sí», reconoce durante una entrevista con Salud Infosalus.
Además, señala que muchas veces avanzamos con piloto automático y no nos preguntamos por nuestras emociones hasta que su intensidad nos obliga a pensar qué nos desborda, todo porque no hemos prestado atención antes. «Tenemos que aprender a saber cómo estamos integrando nuestra conciencia en el día a día», resalta.
Lograr el equilibrio emocional
A su juicio, el equilibrio emocional, o ‘autonomía emocional’, como él prefiere llamarlo, consiste en ser capaz de identificar nuestras propias emociones, y a partir de nuestros propios recursos. «El problema es que muchas veces no tenemos claro qué hacemos y por qué lo hacemos», señala.
Habla también del afrontamiento, es decir, todo lo que hacemos por cuidarnos: comer bien, dormir bien, practicar ejercicio, o incluso el mindfulness. “Podemos llevar nuestro autocuidado a un estado fantástico, pero no hay que olvidarse de lo más sencillo”, indica, enfatizando que esto nos lleva a la comunicación interna, que nos dice cómo hacemos las cosas en el día a día.
Las señales que nos envía el cuerpo de que algo no va bien
En cuarto lugar, Quintero apunta al impacto que el día a día tiene sobre nosotros. Nuestro cuerpo nos envía señales emocionales, pero también físicas y conductuales de cómo nos encontramos. «Puede hacerlo a través de emociones, pero también a través de síntomas físicos, como el tener un nudo en el estómago o presión en la cabeza. Constantemente, nuestro cuerpo nos da señales relacionadas con nuestras emociones; también señales conductuales, como estar más cansados o irritables», añade.
Por ello, hace hincapié en la importancia de aprender a escucharnos y a prestar atención a nuestro estado emocional para afrontar o recolocar esas emociones. «Nuestro cuerpo nos da constantemente señales y estas pasan desapercibidas hasta que son intensas, momento en el que son más difíciles de gestionar», sostiene.
El mapa emocional, una herramienta básica
Le pedimos a Quintero que nos explique en qué consiste el mapa emocional que defiende como primer paso en su libro. Se trata, explica, «básicamente de realizar un mapeo sobre cómo están nuestras emociones. Consiste en la capacidad de visualizar esas emociones y de verlas; es la forma de ir cogiendo el lenguaje emocional».
El doctor Quintero sostiene que el mapa emocional es una herramienta esencial con la que evaluar en qué punto estamos y adónde queremos llegar en nuestro equilibrio emocional. «Pero para ello, esto implica pararnos a pensar cómo estamos, algo que hoy en día es difícil», reconoce.
Además, señala que no hay dos mapas iguales, cada uno tiene su propio mapa, esculpido por experiencias y desafíos: «Cada uno deberá aprender a leer su propio atlas emocional, descifrando y ajustando cada elemento para lograr esa armonía personal que tanto anhelamos».
Debemos empezar por abordar las emociones cotidianas, esas pequeñas ondas que nos preparan para que, utilizando una metáfora deportiva, cuando lleguen grandes olas emocionales tengamos los recursos necesarios para surfearlas con destreza.
Hace hincapié en que reconocer y nombrar nuestras emociones en este camino es el punto de partida fundamental para comprender nuestra experiencia interna y para manejar lo que sentimos. Las emociones fundamentales son la tristeza, la alegría, el miedo, la ira, la sorpresa y el asco.
También pone el ejemplo de la película de Pixar «Inside Out», ya que según explica, juega con las emociones básicas y deja claro que todas son importantes. «No hay emociones buenas o malas, y la tristeza, por ejemplo, tiene un sentido», puntualiza. Otros recursos que pueden ayudarnos en este camino son las estrategias de autoayuda, los planes de autocuidado o el mindfulness, por ejemplo.
