Más del 76% de las ciudades adopta estrategias sostenibles para enfrentar el cambio climático
El documento ‘La competitividad redefinida de la ciudad’, elaborado en colaboración con la red mundial de grandes ciudades comprometidas con el desafío climático C40 Cities, revalúa el concepto de competitividad urbana en función de su capacidad para afrontar los impactos del clima, proteger a sus habitantes y atraer talento e inversión mediante un grupo de 37 indicadores.
Los indicadores están agrupados en cuatro áreas clave: habitabilidad y apego de los ciudadanos, activos e infraestructuras, gobernanza, y atractivo para la inversión y gestión.
Infraestructuras verdes, movilidad baja en carbono y participación ciudadana
El informe advierte que más de un tercio de las ciudades estudiadas enfrenta riesgos «altos o muy altos» de inundaciones o estrés térmico, lo que plantea la necesidad de un cambio estructural en la planificación y gobierno de los entornos urbanos.
De esta manera, las ciudades más preparadas para este desafío «no son necesariamente las más ricas», sino las que han apostado por infraestructuras verdes y azules, la movilidad baja en carbono, la participación ciudadana y una gobernanza climática «sólida», impulsando la resiliencia, que se transforma en un nuevo indicador de competitividad global “al mismo nivel” que otros como la productividad o la innovación tecnológica.
España como caso destacado y el papel protagonista de Madrid
Las poblaciones más competitivas serán las que logren reconciliar la tecnología con la naturaleza. Así lo añade el texto, que pone como ejemplo la importancia de la renaturalización urbana porque “está demostrado que aumentar la cobertura arbórea hasta un 30 % podría evitar más de 2.600 muertes anuales por calor en Europa”.
El informe destaca a España como “un caso relevante por los avances que ya están realizando algunas de sus principales ciudades”, entre las cuales “sobresale” Madrid por “su visión integral de habitabilidad” y su apuesta por incorporar la sostenibilidad en la planificación urbana.
Entre todas las urbes internacionales estudiadas, la capital española registra la mayor diferencia térmica entre su centro y sus áreas menos urbanizadas, con picos de hasta 8 °C entre barrios como Malasaña y zonas verdes como la Casa de Campo. Esto demuestra cómo influye “directamente” el diseño urbano en el efecto ‘isla de calor’ y constituye un argumento para impulsar soluciones basadas en la Naturaleza.
Proyectos clave en Madrid: renaturalización y regeneración urbana
El informe también destaca iniciativas como Madrid + Natural (que promueve la integración de zonas verdes en edificios e infraestructuras), la plataforma Decide Madrid (que anima a los ciudadanos a participar activamente en la toma de decisiones) o proyectos de regeneración urbana como Madrid Nuevo Norte (que contempla más de 400.000 metros cuadrados de zonas verdes que integran el crecimiento económico con la sostenibilidad).
Más de un tercio de las ciudades enfrenta también altos riesgos de inundaciones o de estrés térmico, lo que pone de relieve la necesidad de cambios estructurales en la planificación urbana. Es destacable el valor de la renaturalización, que señala que si se aumenta la cobertura arbórea en un 30 %, se podrían prevenir, solo en Europa, más de 2.600 muertes anuales relacionadas con el calor.
El estudio concluye que las ciudades mejor preparadas no son necesariamente las más ricas, sino aquellas que realizan inversiones en movilidad sostenible baja en carbono, infraestructuras verde y azul, participación ciudadana y mitigación climática, ya que la resiliencia se convierte en un nuevo factor de competitividad global.
