La singular historia de los niños en el Museo del Prado: emperatrices, soldados y diseñadores

La singular historia de los niños en el Museo del Prado: emperatrices, soldados y diseñadores

Niños y Niñas en el Museo del Prado

Madrid (EFE).- Cientos de cuadros del Museo del Prado destacan a niños y niñas como protagonistas o acompañantes de sus insignes padres. Estos pequeños, hijos de reyes y nobles, se convirtieron en piezas clave en el tablero de alianzas matrimoniales, militares condecorados, artistas, diseñadores revolucionarios, e incluso, en directores del propio museo.

El conservador del siglo XIX del Museo del Prado, Carlos G. Navarro, guía a EFE en un recorrido por los retratos y las vidas de estos niños que tuvieron trayectorias intensas y ajetreadas. Entre ellos, las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, dos hijas de Felipe II, que fueron fundamentales en la política diplomática y matrimonial del rey, ayudando a mantener su poder e influencia.

Interés por mostrar la buena salud y «casabilidad» de las niñas

La razón detrás de que las pintaran tantas veces no es cuestión de amor paternal, sino un interés por exhibir la buena salud y ‘casabilidad’ de las niñas en las cortes extranjeras, explica Navarro. Así, las infantes aparecen en un cuadro de Alonso Sánchez Coello a los 6 y 7 años, con una pose regia, como “autómatas inmóviles encapsuladas en trajes joya que eran prácticamente estuches de presentación”, cumpliendo con la estricta etiqueta real de los Austrias.

Con el tiempo, las jóvenes infantas fueron retratadas por separado poco antes de sus respectivas bodas, contribuyendo a consolidar la influencia de Felipe II en lugares delicados para España, como el norte de Italia o los Países Bajos. La bellísima Catalina Micaela se convirtió en duquesa de Saboya e Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos.

Otra niña retratada numerosas veces es la infanta Margarita de Austria, hija de los reyes Felipe IV y Mariana de Austria. Protagonista central de ‘Las Meninas’ (1656) de Velázquez, con solo 5 años, Margarita posó para muchos cuadros que eran enviados a las cortes europeas con el fin de negociar su matrimonio. Desde muy pequeña, fue prometida a su tío, el emperador Leopoldo I de Austria, pero el matrimonio se postergó durante años debido a la mala salud de su hermano, Carlos II el Hechizado, y la posibilidad de que ella heredara el imperio español.

Finalmente, Margarita se casó con su tío, reforzando así el acercamiento entre las dos ramas de la dinastía Habsburgo y convirtiéndose en emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico hasta su muerte a los 21 años por complicaciones en el parto de su cuarto hijo.

Goya y sus retratos infantiles

También Goya incluyó a numerosos niños en sus obras, como los hijos del IX duque de Osuna, Pedro de Alcántara Téllez-Girón, amigo y mecenas del pintor. Retrató a la familia en ‘Los Duques de Osuna y sus hijos’, que se conserva en el Museo del Prado y que Navarro exhibe con orgullo, ya que incluye el retrato del segundo director del museo.

La obra muestra a los duques y sus cuatro hijos en un retrato relajado, donde los niños posan de manera informal alrededor de sus padres. A sus pies, sentado en un almohadón, Pedro de Alcántara, de solo un año, juega con una calesa de juguete. Este niño, que se destacó como militar durante la Guerra de la Independencia, tuvo un papel notable en la batalla de Bailén y fue capitán general en Cuba, además de académico de honor y director de la Real Academia de San Fernando. En 1820, tras el triunfo de la revolución constitucionalista, Fernando VII nombró director del museo al niño que jugaba con la calesa, ya príncipe de Anglona.

Fortuny y su visión de la infancia

Entre los cientos de niños que pueblan los cuadros del Prado, Navarro elige para finalizar el recorrido a María Luisa y Mariano, hijos de Mariano Fortuny (1838-1874), quien los pintó relajados en su casa de Portici, en Italia. En ‘Los hijos del pintor en el salón japonés’, Fortuny retrató a los niños en un diván, cubierto de tejidos al estilo japonés, donde María Luisa se abanica perezosamente, mientras su hermano Marianito juega con una tela azul bordada en oro.

Años después, tras no lograr ser pintor, Mariano hijo alcanzó gran fama y fortuna gracias a sus diseños de telas y producción de moda en sus talleres de Venecia, triunfando en Estados Unidos. Obtuvo especial éxito con su traje Delphos, un icónico vestido plisado de seda, creado alrededor de 1907 y decorado con pequeñas cuentas de cristal de Murano, que se volvió símbolo de la moda de vanguardia a principios del siglo XX y perteneció a la familia Chaplin. En algunas ocasiones, Geraldine Chaplin también lució este vestido.

Marianito se apartó de su padre, a quien veneraba pero consideraba un «apestado», en parte por su «matrimonio tapadera» y su conexión con el círculo “cripto queer” del escritor Marcel Proust, un entorno lleno de complejidades y excesos, según relata Navarro.

FUENTE

Constanza Sanchez

Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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