La Escuela de Música Reina Sofía alcanzó un 92% de empleabilidad en 2025: «La entrada es muy
MADRID, 11 Dic. (EUROPA PRESS) – La Escuela de Música Reina Sofía ha logrado una tasa de empleabilidad del 92% en el año 2025, en línea con años anteriores, con un 40-45% de egresados que se dedican al mundo de la orquesta al finalizar sus estudios, según ha dado a conocer la CEO de la institución, Julia Sánchez Albeal, en un encuentro con los medios donde hizo un balance del recorrido de la escuela.
En este sentido, ha puesto como ejemplo el caso de tres violinistas formados en la escuela que el año pasado ingresaron en la Filarmónica de Berlín. «Conseguir una plaza en alguna orquesta es súper competitivo. Esto se ha basado en la relación maestro-discípulo. Traemos a profesores de altísima calidad, de todo el mundo y capaces de desarrollar un método que hace que sus alumnos brillen y desarrollen su talento», apuntó.
De cara a 2026, ha avanzado que volverán a programar el ciclo ‘Semblanzas’, una aproximación a la música de compositoras de distintas épocas, que se desarrollará los días 30 de enero, 6 de febrero y 6 de marzo. Además, el próximo 17 de enero se llevará a cabo la jornada ‘EmpleARTE 2026’, para descubrir cómo la tecnología puede abrir puertas en el sector.
Sánchez ha recordado que la Escuela, fundada en 1991 por Paloma O’Shea, forma cada curso a 170 músicos de 40 nacionalidades y cuenta con más de 1.200 ‘alumni’ de 65 países diferentes. Cada año, son más de 500 los candidatos que quieren formarse en estas aulas, para un total de 35 puestos nuevos.
«Entrar aquí es difícil, exigente y competitivo porque somos una de las cuatro o cinco escuelas de referencia internacional a día de hoy«, aseguró la CEO, enfatizando que la idea de O’Shea al crear esta Escuela fue que «si un español quiere dedicarse al mundo de la música, no se tenga que ir al extranjero, mientras que si gente de América Latina quiere entrar en Europa, también tenga una escuela donde pueda hacerlo».
Asimismo, ha precisado que cada alumno realiza una media de 20-25 conciertos durante su formación. «Queremos que sean grandes intérpretes, compositores y directores«, aseguró, al tiempo que destacó que la escuela, con un enfoque integral, «personaliza mucho la enseñanza, con muchas clases uno a uno, ya que para cada alumno se tiene una visión, el programa que debe tocar, cómo se tiene que desarrollar, etc.». Como afirmó, «una característica que une a la mayoría del alumnado es que han tenido un buen profesor».
En este punto, indicó que cuentan con un programa de música barroca y se ha incorporado música contemporánea «con el fin de que tengan un repertorio amplio para que cuando salgan a la vida profesional estén listos para estar a la altura de cualquier orquesta o que hagan música de cámara».
En materia de inclusión, Sánchez aseguró que todos los alumnos de la escuela están becados. «No tener recursos no debe implicar renunciar a una formación de calidad. Estas becas las conseguimos gracias al mecenazgo con las relaciones con las empresas, además de ayudas del sector público. Tratamos de poner en valor la importancia de la cultura y la música en la sociedad y que las empresas también se comprometan con la educación musical«, declaró la CEO, que también destacó el papel de la innovación.
Sobre la duración de los estudios, indicó que los alumnos permanecen en la Escuela una media de cuatro años. En concreto, la duración del grado es de cuatro años y del máster de un año, aunque hay alumnos que no llegan a realizar este último. Sánchez añadió que hay alumnos que realizan un ‘Foundation Year’ antes de comenzar el grado, a modo de proceso de introducción.
Sánchez también hizo alusión a los beneficios de la música en la salud de las personas y su impacto social, ya que, como enfatizó, «la música ayuda mucho a la felicidad, al bienestar de las personas, a la educación y a la cohesión de la sociedad«.
ALIANZA CON ‘MUSICAL THINKERS’
El encuentro finalizó con una representación musical a cargo de la iniciativa ‘Musical Thinkers’, un proyecto en alianza con la Escuela que busca «potenciar y sorprender a través de experiencias musicales en los procesos de aprendizaje y cambio», según la institución.
Así, el fundador de este proyecto, Pedro Alfaro –al contrabajo–, Cristina Rubio –al piano– y uno de los alumnos de la escuela, Adrián Teslya –al violín–, llevaron a cabo una actividad musical participativa, en la que se crearon melodías conjuntas con los asistentes.
«Trabajamos desde el enfoque de cómo la música puede aportar en el ámbito de la salud, particularmente de la salud mental en las organizaciones, ya que ahora mismo es un problema acuciante. Justamente la música tiene ese poder de conectarnos con nosotros mismos y de conectarnos con los demás», aseguró Alfaro.
