Cada emoción marca una huella epigenética en nuestro organismo

Cada emoción marca una huella epigenética en nuestro organismo

Las emociones y su impacto en la salud epigenética

MADRID, 25 Nov. (EDIZIONES) – Nuestras emociones impactan en nosotros más de lo que imaginamos. Cada emoción se traduce en reacciones químicas dentro del organismo que afectan a nuestra salud a nivel epigenético. El miedo, el estrés, la ira o la tristeza, de manera sostenida, pueden activar genes inflamatorios y desregular procesos clave, mientras que la gratitud, la calma y el amor contribuyen a potenciar la reparación celular y a equilibrar el sistema inmunológico.

Así, tal y como nos confiesa en una entrevista con Salud Infosalus Alexandre Olmos (@dr.alexandreolmos), médico especialista en Medicina Interna y experto en epigenética que acaba de publicar su primer libro ‘Activa tus genes’ (GROU), el problema surge cuando estas emociones se prolongan en el tiempo y dejan de ser una reacción temporal para convertirse en un estado permanente.

«Esta cronicidad puede actuar como un veneno silencioso, cambiar la manera en la que nuestros genes se expresan, y contribuir al desarrollo de enfermedades», advierte. De hecho, defiende que pensamos que las emociones sólo tienen impacto a nivel emocional, pero también tienen repercusión en nuestro cuerpo a nivel bioquímico.

«Por ejemplo, con el miedo, con la ansiedad o con el estrés, se activa el eje hipotálamo-hipofisario, y se aumenta el cortisol o la adrenalina, que de forma crónica tienen efectos negativos sobre nuestro cuerpo y activan genes proinflamatorios. En cambio, la calma y el amor activan nuestro sistema parasimpático, y con ello se liberan dopamina u oxitocina, con muchos efectos positivos ya que son moléculas que van por nuestra sangre y modulan la expresión génica, pudiendo afectar a nuestro sistema nervioso, inmunitario o cardiovascular», relata.

La importancia de los abrazos para nuestra salud

Es por esto que destaca el doctor Olmos que un abrazo con un ser querido libera oxitocina, la «hormona del amor», y es una gran muestra de cómo nuestras emociones escriben nuestra biología en tiempo real.

«Un abrazo de al menos 20-30 segundos activa nuestro sistema parasimpático, que nos relaja, y también se libera la oxitocina, la hormona del vínculo que reduce el cortisol. Entonces, cuanto menos cortisol, menos inflamación tendremos. Con el cortisol alto, los abrazos nos ayudan a reducirlo. Es una buena forma de controlar el estrés, que al final activa esos genes inflamatorios, y esto afecta a nivel de la salud epigenética, ya que mejora la variabilidad de la frecuencia cardiaca (HRV), un medidor muy de moda», asevera.

Aquí recuerda que la epigenética «es la ciencia que estudia cómo el entorno y los hábitos activan o desactivan genes», subrayando que nuestro ADN «es un libro con muchas instrucciones, donde la epigenética decide qué capítulos se leen, cuáles se subrayan y cuáles se cierran».

De ahí la importancia de nuestros hábitos de vida, según insiste este médico especialista en medicina interna y experto en epigenética, así como divulgador científico en redes sociales, remarcando que con nuestro estilo de vida somos capaces de activar o desactivar y de prevenir enfermedades.

El problema del estrés continuado

En este contexto, alerta igualmente del estrés, que aumenta nuestro cortisol y la adrenalina, ya que un exceso de estos altera aquellos genes relacionados con la inflamación y con el metabolismo, al tiempo que reduce la actividad de sirtuinas, unas proteínas importantes para la reparación celular y el envejecimiento, además de afectar a la neuroplasticidad.

«Al final está súper demostrado que las personas con estrés continuado presentan un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular o de desarrollar una patología neurodegenerativa en el largo plazo», avisa el doctor Olmos.

Finalmente, le preguntamos si todo esto puede revertirse y asegura que sí, siempre que sigamos un estilo de vida saludable, con una alimentación equilibrada, la práctica regular de actividad física, así como con la disminución del tiempo que pasamos frente a las pantallas azules; «algo que nos permite en el largo plazo revertir esta expresión de genes inflamatorios y activar los genes protectores», y que, según asegura, «en seis meses se puede revertir».

FUENTE

Constanza Sanchez

Constanza Sanchez

Soy periodista especializada en comunicación digital y producción de contenidos multimedia. Combino redacción, análisis de audiencias y SEO para crear historias claras y relevantes. Me enfoco en formatos innovadores, narrativas visuales y en desarrollar contenidos que conecten con comunidades diversas en entornos informativos dinámicos.

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