Peter Magyar es el nuevo primer ministro electo de Hungría tras las recientes elecciones.
Publicado 11/04/2026 – 10:01 CEST
• Última actualización 13/04/2026 – 16:07 CEST
Nació en la política
Péter Magyar procede de una dinastía de juristas conservadores: su abuelo es el conocido abogado estrella de la televisión, Pál Erőss, mientras que su padrino fue Ferenc Mádl, antiguo presidente de la República. Estudió con los piaristas y más tarde en la facultad de Derecho de la Universidad Pázmány Péter.
Durante su tiempo en la universidad, trabó amistad con Gergely Gulyás, futuro ministro de la Oficina del primer ministro, con quien incluso compartió piso durante un tiempo en Hamburgo. Ambas personalidades ingresaron en Fidesz. Gulyás le presentó a la futura ministra de Justicia, Judit Varga, quien se convirtió en su esposa y con la que tuvo tres hijos.
La pareja recibió del Gobierno de Viktor Orbán un destino diplomático en Bruselas. Tras su regreso, Péter Magyar fue nombrado miembro del consejo de administración de la empresa estatal de gestión de carreteras Magyar Közút Zrt. Posteriormente, fue designado director general del Centro de Préstamos a Estudiantes, con un sueldo de varios millones de forintos.
Judit Varga alcanzó el cargo de ministra de Justicia, pero la relación entre ambos se deterioró gravemente, culminando en un divorcio.
Todo empezó con una entrevista
A comienzos de 2024, cuando la presidenta del Estado indultó a la colaboradora de un delincuente pedófilo, Fidesz responsabilizó del escándalo no solo a la presidenta Katalin Novák, sino también a Varga, quien había refrendado la decisión como ministra. Esto llevó a la retirada de la candidatura de Varga al Parlamento Europeo. La forzada dimisión de su exesposa indignó tanto a Péter Magyar que arremetió contra el Gobierno de Orbán en Facebook. A partir de ese momento, todo cambió.
Gracias a aquella publicación, que acumuló más de un millón de reacciones, fue invitado al programa en línea Partizán, donde expuso las irregularidades que, según él, había observado en Fidesz y prometió divulgar una grabación en la que su exmujer hablaba de la connivencia entre el Gobierno y el presidente del cuerpo de ejecutores judiciales, acusado de desfalcos millonarios.
En cuestión de días, Péter Magyar alcanzó tal popularidad que la avenida más grande de Budapest, la Andrassy út, se llenó con motivo del evento del 15 de marzo que él mismo convocó.
Al observar aquella repentina oleada de apoyo, comenzó a organizar su propio partido, integrándose en una pequeña formación existente que pronto lo eligió presidente. Así, el partido Tisztesség és Szabadság (Honestidad y Libertad), conocido por sus siglas Tisza, se convirtió de inmediato en la fuerza más potente de la oposición húngara.
El buen resultado en las elecciones europeas demostró, además, que los húngaros se habían cansado de los partidos opositores tradicionales, a los que él denomina la ‘vieja oposición’.
No lograron frenarlo
Fidesz intentó, por diversos medios, frenar el constante crecimiento de la popularidad de Magyar. Lanzó campañas de difamación con todo tipo de pretextos, pero las acusaciones de malos tratos, espionaje y drogas no hicieron mella en él. Tampoco le perjudicó la difusión de un supuesto programa de subidas de impuestos falsamente atribuido a su partido.
El líder de Tisza impuso un ritmo agotador. En dos años, realizó tres giras por el país; al final de la campaña llegó a intervenir en hasta siete ciudades al día y llegó a caminar hasta Nagyvárad, en territorio rumano, para dirigirse a los húngaros más allá de la frontera. Al mismo tiempo, encontró tiempo para elaborar, junto a reconocidos expertos que se sumaron a su proyecto, un detallado programa electoral, algo que el partido gobernante Fidesz no presenta desde hace 16 años.
Al igual que Fidesz, Magyar desconfía de los medios de comunicación y se mantiene alejado de cuestiones divisivas e ideológicas como los derechos LGTBIQ, la inmigración o la guerra contra Ucrania. Su promesa es sencilla: un país que funcione, una orientación prooccidental y una política cristiano-conservadora, pero sin la corrupción de Fidesz.
