factores que influyen en la diferencias de olor corporal entre las personas
MADRID, 24 Mar. (EDIZIONES) – Cada cuerpo tiene un olor o huella aromática que nos acompaña a todas partes. No hay dos personas que huelan igual. Cada uno de nosotros tiene su propio perfume corporal, que puede cambiar cuando estamos enfermos.
El Volatiloma Humano
Durante una entrevista con Salud Infosalus, la doctora en Biología y una de las principales expertas en el estudio del olfato en España, Laura López-Mascaraque, explicó que constantemente desprendemos una corriente de moléculas invisibles a través de la piel, el sudor, el aliento e incluso a través de nuestras lágrimas. “Todas ellas son partículas minúsculas que se mezclan con el aire y que dejan un rastro químico, imperceptible muchas veces, pero una forma de comunicación. Es lo que se conoce como ‘volatiloma humano’”, precisa.
Este volatiloma humano se adhiere a nuestra ropa, impregna los espacios que habitamos y acompaña nuestra presencia como una firma aromática que otros pueden reconocer e incluso rechazar o recordar. “Y aunque intentemos neutralizarlo con duchas, jabones, perfumes y desodorantes, siempre queda un resto, un fondo que ninguna fragancia consigue borrar”, asegura esta experta, quien es además profesora de investigación en el Centro de Neurociencias Cajal (CSIC) y presidenta de Red Olfativa Española.
Somos un «Microcosmos Aromático»
De hecho, destaca que cada persona es «un microcosmos aromático» y nuestro olor surge de la combinación de factores biológicos (genética, glándulas, dieta y microbiota) y factores culturales y emocionales que lo matizan, tal y como comenta con motivo de la publicación de ‘El fascinante universo del olfato’ (geoPlanetaCIENCIA), donde aborda todos estos temas.
En el caso de la dieta, por ejemplo, menciona que el ajo, la cebolla o especias como el curry impregnan el sudor y el aliento durante horas, mientras que una dieta rica en frutas y verduras genera aromas más suaves y frescos. Asimismo, las emociones también modifican el olor; la ansiedad produce notas más ácidas, mientras que el miedo acentúa el olor corporal y la tranquilidad lo suaviza. “Incluso medicamentos, hormonas y otras enfermedades intervienen en este equilibrio, alterando la composición del sudor, el sebo o el aliento”, agrega López-Mascaraque.
El Efecto de Nuestra Huella Olfativa
Esta experta del CSIC resalta que nuestro olor propio influye en la atracción de otras personas, en la elección de pareja, en el vínculo entre la madre y el hijo, en la confianza entre amigos o en la empatía hacia desconocidos. “Nuestro olor es el resultado de una orquesta invisible donde intervienen glándulas, bacterias, genes, emociones y el entorno. Cada ser humano porta una huella aromática única que cambia con la edad, el clima, la dieta o el momento del día. Esta firma química también puede inspirar confianza o rechazo, deseo o incomodidad, ternura o distancia”, afirma.
Nuestro Olor Corporal Cambia con la Enfermedad
Además, López-Mascaraque señala que ciertas enfermedades modifican la proporción de moléculas que el cuerpo libera, generando una ‘firma olfativa patológica’. Un ejemplo clásico es el de la diabetes mellitus, cuyo olor se describe como dulce y afrutado, fenómeno ya documentado en el siglo XIX, y que se debe a la presencia de acetona y otras cetonas volátiles en el aliento y sudor, resultado de un metabolismo alterado de la glucosa.
En el caso de la insuficiencia hepática, el cuerpo emite un olor a pescado crudo o tierra húmeda, causado por compuestos sulfurados como el dimetil disulfuro y el metil mercaptano. “En la insuficiencia renal, el aliento adquiere notas amoniacales por la acumulación de urea y amoníaco”, señala. En infecciones bacterianas específicas, se detectan moléculas producidas por los propios microorganismos, como los ácidos isocaproico e isovalérico en infecciones por ‘staphylococcus aureus’.
En cuanto a la enfermedad de Parkinson, se ha identificado un perfil característico de compuestos volátiles, especialmente ciertos aldehídos grasos y ácidos carboxílicos. López-Mascaraque cuenta el caso de una enfermera jubilada en Escocia, quien al asistir a una reunión de familias con afectados por Parkinson, preguntó por qué el Parkinson olía. “Muchos años antes del diagnóstico, cambia el olor de la persona, pudiendo convertirse esto en un síntoma motor”, asegura.
Finalmente, López-Mascaraque recuerda que los perros entrenados son capaces de detectar COVID-19 en una persona, así como diabetes, cáncer de próstata o de pulmón. “Se está investigando si el volatiloma puede convertirse en un marcador de enfermedad”, concluye.
