La ONU elige el sistema español de predicción de erupciones volcánicas como modelo de gestión
La herramienta para predecir erupciones volcánicas no se limita a dar alertas de que un volcán va a estallar, sino que también permite visualizar cuándo comienza a agotarse el volcán. Cuando el indicador que mide la memoria del magma se estabiliza, los investigadores observan una tendencia que indica que el motor eruptivo está perdiendo fuerza. Esto resulta en una señal temprana que sugiere que la fase más peligrosa se acercará a su final, lo que es clave para planificar el retorno de la población, reabrir carreteras o decidir cuándo es seguro volver a un barrio sin poner en riesgo la vida. Aquellos que han vivido una evacuación saben que unas pocas horas pueden cambiar la forma en que se recogen cosas esenciales, desde medicinas hasta documentos importantes.
Tajogaite, el laboratorio natural que lo hizo posible
La erupción del Tajogaite en 2021 ha servido como un laboratorio natural que ha permitido perfeccionar esta herramienta. Esta erupción, que tuvo lugar en Cumbre Vieja, La Palma, afectó a más de 8.000 personas y destruyó aproximadamente 1.200 viviendas, además de arrasar cultivos y cortar carreteras. El equipo del CSIC estuvo sobre el terreno durante 86 días, monitoreando el volcán cada día y cada hora. A partir de estos datos y de la modelización matemática del ascenso del magma desde unos 9 kilómetros de profundidad, se concluyó que la duración excepcional del episodio fue atribuida a cinco inyecciones profundas de magma que reactivaron el sistema repetidamente.
Algoritmos complejos para decisiones muy concretas
Con toda esta información, los investigadores han desarrollado un algoritmo estadístico que analiza las series de terremotos volcánicos casi en tiempo real. Simplificando, el algoritmo compara continuamente cómo se comporta la sismicidad en diferentes tramos, permitiendo detectar cuándo el comportamiento cambia respecto a días anteriores.
Este método utiliza técnicas como el análisis de rango reescalado y el cálculo del exponente de Hurst, las cuales son útiles para determinar si una serie de datos tiene memoria o si se comporta como un ruido aleatorio. Cuando el sistema cambia de un estado anti persistente a uno persistente, eso señala que el magma ha cambiado de régimen y se dirige hacia la superficie.
Raúl Pérez, investigador del IGME CSIC, explica que “este novedoso enfoque abre nuevas vías para poner en marcha sistemas de alerta temprana basados en el análisis de series temporales de terremotos volcánicos, aplicables a redes sísmicas en tiempo real durante la vigilancia de una crisis sismo volcánica”.
Menos incertidumbre en las próximas crisis volcánicas
¿Qué implica todo esto para quienes viven al pie de un volcán activo o gestionan una ciudad en una isla volcánica? En gran medida, significa menos incertidumbre. Hasta ahora, los organismos de protección civil han tenido que tomar decisiones difíciles con información incompleta y señales a veces contradictorias. Un método que ofrece estimaciones sobre el inicio de la erupción y el final de la misma permite una planificación más escalonada de evacuaciones, así como proteger infraestructuras clave y organizar el retorno de la población cuando el volcán empieza a apagarse.
El objetivo no es ofrecer certezas absolutas, sino “reducir la incertidumbre en el pronóstico y prevención” de futuras erupciones y proporcionar información más sólida en áreas densamente pobladas. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres ha incluido este trabajo en PreventionWeb, su plataforma global de conocimiento sobre emergencias, con la intención de integrarse en otras redes sísmicas y sistemas de alerta temprana a nivel mundial.
En un mundo donde cada vez más personas viven cerca de volcanes y donde episodios como el de Tajogaite se convierten en grandes emergencias sociales, ganar dos días antes de una erupción y anticipar su final puede marcar la diferencia entre una evacuación caótica y una más ordenada. En esencia, toda esta matemática aplicada a los terremotos busca un objetivo humano fundamental: ganar tiempo.
El estudio científico que describe este método ha sido publicado en la revista Scientific Reports.
