el auge de las bebidas sin alcohol genera inquietudes entre los especialistas en salud pública
MADRID, 15 Ene. (EUROPA PRESS) – Durante los últimos años, las bebidas sin alcohol o con bajo contenido alcohólico han pasado de ser una curiosidad de supermercado a un fenómeno en constante crecimiento. Cervezas, vinos, cócteles sin alcohol o kombuchas prometen opciones más saludables; sin embargo, tras el atractivo envase surgen dudas sobre su impacto real.
Expertos del Reino Unido han comenzado a examinar estos productos con minuciosidad. Lo que encontraron plantea un dilema interesante: ¿podrían estas bebidas realmente mejorar la salud pública, o esconden riesgos que todavía no comprendemos del todo? Las respuestas podrían cambiar la forma en que todos percibimos nuestras copas y refrescos favoritos.
Un boom que nadie esperaba
Las bebidas sin alcohol o con bajo contenido de alcohol tienen el potencial de mejorar la salud pública; no obstante, expertos de la Universidad de Sheffield (Reino Unido) piden un enfoque precautorio que maximice los beneficios potenciales mientras se minimizan los riesgos.
Cabe recordar que se entiende por bebidas ‘no-lo’, una abreviatura de no/low alcohol, productos como cervezas y vinos sin alcohol, cócteles sin alcohol (mocktails), kombuchas y destilados botánicos.
Según ‘The BMJ’, las ventas de estas bebidas han aumentado significativamente en los últimos años, impulsadas por mejoras en las técnicas de fabricación y la creciente demanda de los consumidores de alternativas más saludables a las bebidas alcohólicas, según John Holmes, profesor de política de alcohol en la Universidad de Sheffield, y sus colaboradores.
En Gran Bretaña, uno de cada cinco adultos afirma consumir bebidas ‘no-lo’ al menos una vez al mes. Actualmente, estas bebidas representan el 1,4% de las ventas totales de alcohol, principalmente de productos que comparten marca con bebidas alcohólicas establecidas.
Las bebidas ‘no-lo’ tienen un potencial obvio para mejorar la salud pública, especialmente para los grandes bebedores, aquellos de grupos socioeconómicos más bajos y las personas que beben en circunstancias de alto riesgo, como durante el embarazo, la conducción o la adolescencia.
Beneficios y riesgos, dos caras de la misma moneda
No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha argumentado que estas bebidas también plantean riesgos para la salud pública, como el hecho de que las empresas utilizan la publicidad de bebidas sin alcohol para disuadir o eludir las restricciones en la publicidad del alcohol.
En Irlanda, por ejemplo, las principales empresas cerveceras han respondido a las restricciones publicitarias (en transporte público y durante los partidos deportivos) promocionando variantes sin alcohol con marcas similares. De manera similar, el marketing de las bebidas ‘no-lo’ puede invadir espacios que de otro modo estarían libres de alcohol, como gimnasios y eventos deportivos, así como las ofertas de comida a la hora del almuerzo en los supermercados.
Por ejemplo, los Juegos Olímpicos de 2024 han nombrado a Corona 0% (una variante sin alcohol de Corona) como su patrocinador oficial de cerveza mundial, lo que permite que la marca aparezca en diversos contextos deportivos y mediáticos que antes no estaban accesibles para ella.
Para proteger la salud pública, los autores sugieren un enfoque precautorio que busque facilitar y mejorar los beneficios potenciales a la vez que previene o minimiza cualquier daño.
Lo que la salud pública necesita considerar
Las políticas que podrían ayudar a lograr esto incluyen incentivar a las empresas a sustituir productos con mayor contenido de alcohol por alternativas sin alcohol, evitar la publicidad dirigida a niños, proteger los espacios libres de alcohol y aplicar impuestos basados en el grado alcohólico para fomentar el consumo de bebidas con menor contenido de alcohol.
Sin embargo, los autores advierten que algunas decisiones políticas parecen estar impulsadas por las preocupaciones de las empresas, las organizaciones comerciales y los organismos de autorregulación. Por ello, afirman que los actores de la salud pública deben involucrarse en las cuestiones políticas relacionadas con las bebidas ‘no-lo’ para garantizar que sus perspectivas, y no únicamente las prioridades comerciales, influyan en la regulación de la producción, comercialización, venta y uso de estas bebidas, así como en el debate público.
«Si bien abogamos por una respuesta de salud pública a las bebidas ‘no-lo’, no sugerimos disminuir el enfoque en la prevención de daños por el consumo de bebidas alcohólicas convencionales. Tampoco pretendemos exagerar el grado de riesgo que presentan las bebidas ‘no-lo’. Sin embargo, al igual que con los cigarrillos electrónicos y los alimentos reformulados, no debemos tomar al pie de la letra las afirmaciones sobre los beneficios para la salud pública de las soluciones impulsadas por el mercado», argumentan los expertos.
Las bebidas ‘no-lo’ pueden generar beneficios, pero una estrategia de no intervención podría significar que estos sean menores y menos equitativos de lo deseado. Por lo cual, los actores de la salud pública deben desarrollar una respuesta estratégica e integral que equilibre las diferentes preocupaciones y aspiraciones, concluyen.
