la huella ambiental de la digitalización en las escuelas incrementa las emisiones de CO₂ de
La digitalización en el ámbito educativo se presenta con frecuencia como una oportunidad para modernizar la enseñanza y reducir el uso de papel. Sin embargo, un reciente informe de Ecologistas en Acción pone de manifiesto las graves implicaciones ambientales que conlleva el uso de dispositivos digitales en las aulas. Este estudio resalta cómo la huella ambiental no se mide únicamente a través de la reducción del consumo de papel, sino que contempla un conjunto de factores que incluyen la energía empleada en la fabricación de dispositivos, el agua utilizada, y la reciclabilidad de los componentes.
Un impacto ambiental considerable
El informe destaca que el uso de ordenadores en los colegios, si bien puede disminuir el empleo de papel, multiplica la emisión de CO2. Al sustituir los libros de texto por ordenadores portátiles, se multiplican por 80 las emisiones finales de dióxido de carbono. Además, cuando se considera la cuota de participación de cada dispositivo en el mantenimiento de la red, este impacto puede aumentar hasta 160 veces.
- Fabricación y uso de un portátil: 240 kilos de emisiones + 60 kilos de combustible = 300 kilos de combustible.
- Emisiones de CO2 asociadas: 700 kilos de CO2 (sin incluir cuotas de participación en emisiones de conectividad).
- Emisiones por energía para la impresión: 200 gramos de CO2.
- Emisiones atribuidas a la fabricación de tinta: 1.000 gramos de CO2.
- Emisiones por 100 hojas de papel: 518 gramos de CO2.
Total de emisiones estimadas en la fabricación de un libro de texto: 1.718 gramos de CO2.
Un análisis de la huella hídrica
La huella hídrica es otro aspecto alarmante relacionado con la digitalización. La adopción de ordenadores portátiles en las aulas multiplica por 11 la huella hídrica. Por ejemplo:
- Huella hídrica en la fabricación de cinco libros de texto: 137,13 litros de agua.
- Huella hídrica en la fabricación de un ordenador portátil: 1.500 litros de agua.
- Factor comparativo entre ambas huellas hídricas: 1.500 l / 137,13 l = 10,94.
Además, los dispositivos digitales son prácticamente imposibles de reciclar en comparación con los libros, que son reciclables en su mayoría. La fabricación de cada dispositivo incluye 70 minerales, cuyas extracciones generan un gran impacto ambiental y social.
La necesidad de una desescalada digital
El informe también hace un llamado a reconsiderar la digitalización escolar a la luz del marco legal vigente. La Ley de Educación (LOMLOE) sugiere que los centros deben convertirse en lugares de «custodia y cuidado de nuestro medio ambiente». Sin embargo, se ha puesto más énfasis en la implementación de tecnologías digitales que en el cuidado de nuestro entorno.
Desde 2021, se han distribuido 800.000 equipos en los centros educativos, generando aproximadamente 560.000 toneladas de CO2 a la atmósfera. Esto sin contar las emisiones asociadas a la red. Se instalaron, además, miles de pantallas en aulas, muchas de las cuales eran perfectamente funcionales, pero fueron desechadas sin un plan de aprovechamiento.
El impacto ambiental generado por la digitalización del aprendizaje plantea serias dudas sobre su eficacia. Las consecuencias de esta transformación no solo afectan el medio ambiente, sino también las capacidades de aprendizaje de los estudiantes, quienes se ven alejados de métodos de enseñanza más directos y vivenciales.
Por lo tanto, resulta crucial que los centros educativos no solo implementen prácticas de reducción de su huella ambiental, sino que también reconsideren su enfoque digital. La educación debe adaptarse a una visión que incluya la sostenibilidad y una clara conciencia del impacto ambiental de la tecnología utilizada en el aula.
Las instituciones educativas deben ahora buscar un balance entre la modernización necesaria y la responsabilidad ambiental, promoviendo un futuro en el que la tecnología y la sostenibilidad vayan de la mano para el beneficio de las generaciones venideras.
En conclusión, la digitalización escolar está aumentando la huella ambiental de los centros de enseñanza. Se insta, por lo tanto, a una seria revisión de estas políticas y a implementar una auténtica «desescalada digital» que considere los criterios científicos y sanitarios opuestos al enfoque actual de enseñanza digital.
